| Volver al índice | Manifiesto de Democracia Obrera frente al 20 de diciembre de 2007 |
20 de Diciembre de 2001: Las masas se levantaban al grito de ¡que se vayan todos!
20 de Diciembre de 2007: Con la farsa de la “Revolución Bolivariana” de Chávez, Kirchner, Lula y Fidel Castro
¡Volvieron todos!
los políticos patronales, sus jueces corruptos, y los traidores de la burocracia sindical, y el imperialismo y las transnacionales a saquear la nación oprimida
Manifiesto de Democracia Obrera frente al 20 de Diciembre de 2007
A seis años del levantamiento revolucionario de las masas en Argentina
Con huelgas generales políticas como la del 13 de diciembre de 2001, con piquetes y cortes de ruta, con cacerolazos y asambleas populares, con levantamientos del hambre, con combates en las calles como los del 20 de diciembre de 2001, los trabajadores y las clases medias empobrecidas expropiadas por los banqueros protagonizamos enormes y vigorosas jornadas revolucionarias. La demanda más inmediata era “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.
Echamos, con la lucha en las calles, al gobierno fantoche de De la Rúa y la Alianza que, con su ministro Cavallo, era el continuador del menemato y del gobierno del PJ en la década infame de los ‘90. Protagonizamos una enorme y vigorosa acción espontánea de masas que, llevada por los padecimientos inauditos, embistió a la ciudadela del poder, la dejó totalmente en crisis y descalabró al estado y el régimen de los explotadores.
Cuatro presidentes peronistas caían en una semana. La maravillosa acción espontánea de las masas desbordó todos los diques de contención de la burocracia sindical y de la izquierda reformista argentina que durante 25 años sostuvo y convivió con este régimen de democracia para ricos.
Hoy, después de seis años, las organizaciones que se reivindican “socialistas” y “de la clase obrera” -desde los stalinistas reciclados, que están adentro del gobierno de los Kirchner como ministros, “superministros”, o secretarios, hasta la izquierda reformista que está por fuera- afirman que el régimen pudo reconstituir sus instituciones de dominio y sacar a la burguesía de su “infierno” porque las masas “atrasadas” mantienen su conciencia peronista.
Afirmamos que la consigna “que se vayan todos, que no quede ni uno solo” impuesta por las masas fue un punto de partida de ruptura política de la clase obrera con la burguesía y sus partidos. No decir esto es una infamia para esconder las propias adaptaciones y capitulaciones de los que se cuidaron muy bien, en estos 6 años, de enterrar esa demanda inmediata y necesaria de las masas y de su revolución del 2001.
Hay que decir la verdad
En honor a esa gesta revolucionaria de la clase obrera argentina hay que decir la verdad: MIENTEN. No fueron las unidades básicas peronistas, ni el PJ –cuyo presidente Duhalde debió huir anticipadamente del poder por haber organizado la masacre de los piqueteros en puente Pueyrredón-, ni la supuesta conciencia peronista de los trabajadores que, en el 2001, se sublevaban con la consigna “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, las que sacaron a la burguesía de su infierno, ni las que estrangularon la revolución argentina que había comenzado.
Hay que decir la verdad: fue esa pérfida política de colaboración de clases, impuesta en todo el continente por el Foro Social Mundial de los Castro, los Chávez, los Lula y la izquierda reformista, la que sacó a las masas revolucionarias de las calles y las sometió a la esclavitud asalariada. Fue esta misma política la que fortaleció decisivamente al gobierno de Kirchner a partir del 2003, para que la burguesía reiniciara una nueva ronda de negocios y reconstituyera su estado burgués, con la mayor de las esclavitudes obreras de las últimas décadas. Millones de ahorristas vieron expropiados sus ahorros y los banqueros recuperaron 50.000 millones de dólares. Los millones de desocupados entraron a trabajar como súperexplotados como esclavos en negro o como obreros de cama caliente para que el frente de los exportadores -esa pandilla de esclavistas- reconstituyera la ganancia de los capitalistas en base a la esclavitud obrera y a un dólar sostenido con inflación y carestía de la vida.
Hay que decir la verdad: fue esa pérfida política de llamar a confiar en los burgueses “progresistas” y “antiimperialistas”, como Chávez, Morales, Lula y los Palacios o los Correa de Ecuador o los Kirchner, la que sacó a las masas de las calles. Organizaron “Contracumbres”, como en Mar del Plata en octubre de 2005, bajo la disciplina del comandante Chávez, detrás del cual se encolumnaron todos los restos del stalinismo criollo y todos los renegados del trotskismo –que crítica o acríticamente lo apoyaron- para sostener al gobierno de los Kirchner. Fue Fidel Castro el que vino a decirles a las masas revolucionarias del 2001, en actos multitudinarios en Buenos Aires y en Córdoba, que había que producir, porque después el gobierno “patriota” y “antiimperialista” de Kirchner iba a “repartir la riqueza” una vez superada la crisis. Fue toda la izquierda continental, bajo las órdenes de Chávez, Kirchner, Castro y su “revolución bolivariana” los que sostuvieron a la Bachelet ante la embestida de las masas en Chile; los que sostuvieron a Evo Morales en Bolivia; los que les ocultaron a los trabajadores latinoamericanos que el Mercosur de las transnacionales y el imperialismo no era otra cosa que un ALCA disfrazado, y constituyeron el ALBA para que las burguesías nativas y la burocracia castrista restauracionista cubana hicieran nuevos negocios con los petrodólares y las riquezas arrancadas a los trabajadores en Latinoamérica. Ellos sostuvieron a esos yuppies de Wall Street, como Ortega en Nicaragua, y les dijeron a los trabajadores mexicanos en Oaxaca que debían disolver la comuna obrera que habían conquistado. Esas fuerzas fueron las que sostuvieron al gobierno de Kirchner y expropiaron la lucha antiimperialista de la clase obrera y los campesinos pobres en América Latina durante el primer lustro del siglo XXI. Ellos tienen el triste mérito de haberle cuidado su “patio trasero” al imperialismo yanqui para que mientras tanto éste masacrara a las masas con sus guerras del petróleo como en Afganistán e Irak, para abastecerse de materias primas y controlar zonas de influencia.
Ellos fueron los responsables de dar los primeros pasos decisivos para sacar a las masas de su lucha revolucionaria. Fueron los dirigentes del movimiento de masas, como D’Elía y Hebe de Bonafini, que entraron al gobierno, bajo las órdenes de Castro, para sostenerlo directamente. Y con ellos volvieron los traidores de la burocracia del CTA, los mismos que en este año dejaron aisladas las heroicas luchas de Neuquén y Santa Cruz y entregaron así la sangre de Carlos Fuentealba derramada en la ruta. Estos burócratas traidores de la CTA son los mismos que el 20 de diciembre de 2001 declaraban, en un congreso, encerrados entre cuatro paredes, que los combatientes del 20 de diciembre eran “infiltrados y servicios de inteligencia”.
El cinismo de las corrientes que se dicen “obreras y de izquierda” y su reformismo abyecto no tienen límites cuando se trata de echarle la culpa a las masas a las que les han sido expropiados sus combates. Porque fueron ellos los encargados de hacer pasar como graciosas concesiones de la burguesía y el gobierno las conquistas obreras arrancadas con la lucha como fueron, por ejemplo, los Planes Trabajar conquistados al costo de la sangre de Anibal Verón y otros mártires obreros. Transformaron a los heroicos piqueteros en mendigos de planes y bolsones y a las organizaciones piqueteras en una red de contención social sacándolos de la su lucha revolucionaria por trabajo digno para todos. Fueron los que dijeron que las fábricas recuperadas no eran una conquista de la lucha de obreros hambrientos, desesperados por la pérdida de su fuente de trabajo -que las recuperaron enfrentando represión, cárcel, y con huelgas- , sino que fueron obra de ministros, parlamentos, legislaturas y jueces buenos. Fueron ellos los que, en definitiva, le dijeron a las masas que se podían mantener pequeñas conquistas parciales conseguidas por el combate, sin necesidad de tomar el poder en sus manos.
Fueron estas corrientes de la izquierda del Foro Social Mundial las que dijeron que a la burocracia sindical no se la echaba convocando a la Tercera Asamblea Piquetera de ocupados y desocupados en cada uno de los combates que protagonizó la clase obrera en estos últimos seis años, sino participando con listas opositoras en las elecciones fraudulentas de los sindicatos estatizados.
Hay que decir la verdad: fueron ellos, el Foro Social Mundial y su ala izquierda, los renegados del trotskismo, los que festejaron con fuegos artificiales los “fallos históricos” de reconciliación de los jueces “democráticos” de Kirchner. Esto fue y sigue siendo un apoyo abierto al plan de reconciliación del gobierno con las Fuerzas Armadas genocidas. Se trata de una estafa al combate contra el genocidio, donde aunque se lo admite, se lo sigue juzgando en forma individual. Esto significa que, como mínimo, se tardarían treinta o cuarenta años más para juzgar a todos los responsables. Con estos fallos condenan a treinta o cuarenta genocidas ya gerontes mientras dejan impune a la casta de oficiales asesina de las Fuerzas Armadas, que hoy, bajo las órdenes de Bush, ocupan Haití. Son una parodia de “verdad y justicia”, ya que por la definición misma de genocidio lo que se debería imponer es un tribunal de Nuremberg, donde todos son culpables y van a la cárcel hasta demostrar su inocencia. Así mantienen la impunidad en “cárceles country” desde donde conspiran para seguir secuestrando -como al compañero Julio López- con total impunidad.
Volvieron todos para salvarse todos. Los políticos asesinos como Menem, De la Rúa, Duhalde y ahora Sobisch y Kirchner, que tienen sus manos ensangrentadas con el asesinato de decenas de luchadores obreros y populares. De la mano del Frente para la Victoria de Castro, Chávez y Kirchner volvieron los asesinos de Cromañón, como Ibarra y sus secuaces. Hay que ser claros. La izquierda del régimen se lamenta por la “conciencia atrasada” de las masas cuando se encargó muy bien de llevar todas las luchas contra la patronal y la burocracia sindical de la CGT y la CTA a los pies del ministro de trabajo, Tomada, para que dictara conciliaciones obligatorias “favorables” a los trabajadores, cuando son los que festejan los fallos históricos de los jueces “democráticos”, cuando son los que le quieren hacer creer a los trabajadores de las fábricas recuperadas que con las Legislaturas, con los usureros del Banco Credicoop, la banca italiana y en reuniones de ventas asesoradas por el Ministerio de Trabajo, se mantendrán las conquistas que son las empresas recuperadas por los trabajadores. ¡Basta de rasgarse las vestiduras con la “conciencia atrasada” y peronista de los trabajadores, señores reformistas! que por otra parte no les da votos a ustedes en las elecciones porque todos, tal cual eslabones de una misma cadena, le dijeron a las masas que los jueces, el gobierno y los ministros eran buenos y se los podía presionar para que den concesiones a los trabajadores.
Fue el Foro Social Mundial y su ala izquierda de stalinistas y renegados del trotskismo los que le restituyeron a las masas su conciencia paternalista para que luego Kirchner y la burguesía los sometiera con su Frente para la Victoria.
Luego de la fiesta de la “revolución bolivariana” aparecieron los dientes del Kirchnerato, sostenido en el pacto social, en la estatización de los
sindicatos y en 100.000 pistoleros a sueldo de la burocracia sindical
El sometimiento a la política de Castro y Chávez en la Argentina significó que fuera cooptado el movimiento piquetero. Significó que las organizaciones obreras arrancadas a la burocracia sindical quedaran dispersas, aisladas y sometidas al ministro de trabajo, Tomada, el gerente de recursos humanos de todas las empresas capitalistas en Argentina y el verdadero jefe y patrón de la burocracia sindical peronista.
La dispersión del movimiento obrero y su sometimiento a los jueces “progresistas” y a los ministros de trabajo, fue la pieza fundamental para la disgregación de las filas obreras y que volviera la burocracia sindical -que en las jornadas del 2001 y por un par de años, no podía aparecer por las calles- y que untada con millones de dólares pudiera establecer y organizar a sus bandas de miles de pistoleros a sueldos para disciplinar a los obreros en las fábricas.
Esa estafa de la “revolución bolivariana” de la izquierda reformista, incluidos los renegados del trotskismo, que llamaban a votar a Lula, a Morales, a Chávez y a apoyar su política en Argentina, es la que le abrió el camino de regreso a la burocracia sindical. Se juramentaron que nunca más se iba a convocar a la Tercera Asamblea Piquetera; que nunca más se lo iba a echar a Moyano y a De Gennaro a palazos y piedrazos de los congresos como se lo hizo en la primera y segunda Asambleas Piqueteras de trabajadores ocupados y desocupados, en San Justo en el año 2001.
Este es el Kirchnerato: un régimen y un gobierno asentados en la estatización extrema de los sindicatos. La burocracia sindical peronista no dirige, somete a los trabajadores y los disciplina al estado burgués. Luego de dirimir sus fuerzas por el botín en los enfrentamientos de San Vicente, la patronal y el gobierno utilizó a sus pistoleros en cada lucha decisiva de los trabajadores: en el Hospital Francés, en el SOIP, en Las Heras, en el Casino, en el Subte, en Tucumán, asesinando a un trabajador en lucha.
La izquierda del Foro Social Mundial desorganiza a la vanguardia combativa, desincroniza sus combates, crea ilusiones en los ministros y jueces “democráticos” para que luego aparezca el garrote, la cachiporra y la pistola de los matones de la burocracia sindical para terminar de disciplinar a la clase obrera. Esta es una ley como la de la gravedad; así actúa la burguesía cuando sale del “infierno”. Ahora viene a recuperar lo que perdió, viene por todo.
En Argentina, como en América Latina, se impuso el “socialismo de mercado” y los “frentes democráticos” para estrangular la lucha de las masas
Así el gobierno “débil y bonachón” de Kirchner -sostenido para este verdadero “Frente para la Victoria de la burguesía” que expropió la revolución latinoamericana del primer lustro del siglo XXI- después de descalabrar y dividir todas las oleadas de luchas obreras que lo enfrentaron, logró recomponer el ciclo de negocios de la burguesía, superexplotar a millones de obreros en negro provenientes de las filas de los trabajadores desocupados, utilizando a su gendarme, la burocracia sindical, bajo la orden del “jefe” de los pistoleros que es el ministro de trabajo Tomada.
Así, este gobierno -sostenido por toda la burguesía y las direcciones de colaboración de clase de todo el continente- hoy logra respirar aliviado porque su clase, la clase de los explotadores, ha logrado “salir del infierno” y reconstituir de nuevo sus instituciones.
Aquí está la farsa de la “revolución bolivariana” que, en Bolivia, significó el aborto de la revolución que los obreros y campesinos abrieran en octubre de 2003, expropiada por Morales y la burguesía nativa cocalera asociada a Linera -el vicepresidente- que es gerente de la Totalfina, la petrolera imperialista francesa.
Este es el “socialismo de mercado”. Los obreros bolivianos siguen calentando sus papas heladas con bosta de llama, mientras las transnacionales desguazan a Bolivia, y el fascismo y la Rosca levantan cabeza.
Este es el “socialismo de mercado” que pregonaron y pregonan desde el Foro Social Mundial: la clase obrera sometida a la burguesía en la peor de las explotaciones en todo el continente; con sus revoluciones expropiadas; con Chávez montado en una montaña de petrodólares y con sus “boliburgueses” financiando en la bolsa de Wall Street la crisis de los banqueros internacionales y vendiendo petróleo, a más no poder, a la maquinaria de guerra de Bush que masacra en Medio Oriente.
Este es el “socialismo de mercado” que no es otra cosa que el verso de la burocracia castrista, que -con suculentos negocios en el níquel, el turismo y el petróleo, asociada a las empresas imperialistas, y estrangulando la revolución latinoamericana- se prepara para restaurar el capitalismo en Cuba, aplicando la misma política de los nuevos mandarines que en China, aplastando a las masas, entregaron a millones de obreros, como mano de obra esclava, a la burguesía imperialista mundial.
¡Basta! ¡Hay que decir la verdad! Las gestas revolucionarias del 2001 en Argentina, la revolución boliviana, la revolución ecuatoriana que se cargó a cuatro presidentes en cinco años, la lucha revolucionaria de las masas venezolanas que derrotó la intentona golpista en el 2002 mientras Chávez se entregaba, los combates de Oaxaca y el México profundo, la rebelión contra el gobierno de Lula y la de los trabajadores chilenos contra el gobierno del Tratado de Libre Comercio de la Bachelet, fueron expropiadas, bastardeadas por las direcciones reformistas de la izquierda continental y mundial agrupadas en el Foro Social Mundial.
¡Basta de mentirle a los trabajadores! Fue esta izquierda reformista la que -cuando no quedó un solo movimiento piquetero cortando rutas, una sola huelga fuera del control del Ministerio de Trabajo y de los “sacrosantos” estatutos de los sindicatos estatizados, cuando los hambrientos que se tomaban los supermercados para comer terminaron como obreros esclavos y en negro trabajando por $800 al mes, como le sucede al 70% de la clase obrera argentina- se encargó muy bien de que nunca más truene la consigna de “¡que se vayan todos, que no quede ni uno solo!”, ni mucho menos que se reabra el camino revolucionario del 2001.
¡Basta de echarle la culpa al “atraso” de las masas en lucha!
El atraso es de la izquierda reformista que aborta sus combates
Ninguna de las corrientes que se dicen “obreras y socialistas” preparó y organizó el 20 de diciembre, cuando éste se horneaba a fuego lento en las luchas contra el menemato y su continuador, el gobierno servil y corrupto de De la Rúa. De la misma manera volcaron todas sus fuerzas, bajo las órdenes de Chávez y Castro, para poner en pie la pata izquierda del Frente para la Victoria, que le abriera las puertas para que volvieran todos los enemigos del pueblo. Fue este frente de la “revolución bolivariana” el que enterró el paso decisivo que diera la clase obrera argentina en el 2001 por conquistar su independencia de clase, el “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. Ahora, cuando se corre el velo en todo el continente americano de que los gobiernos burgueses de la “revolución bolivariana” son una estafa a la lucha antiimperialista de las masas. Hablan y cacarean sobre la “independencia de clase”, sobre poner en pie “movimientos políticos de la clase obrera”. Una verdadera impostura. Porque hay que decir la verdad. Todos ellos llamaron a apoyar los referéndum y la re elección de Chávez en Venezuela; festejaron alborozados el triunfo de Evo Morales en Bolivia; pregonaron ante los trabajadores que el triunfo electoral de los carniceros del Partido Demócrata en los Estados Unidos era la expresión de la lucha contra Bush y su guerra de coloniaje imperialista en Irak.
En Argentina, mil y una oportunidades tuvo la clase obrera y su vanguardia de reagrupar sus fuerzas dispersadas desde el 2001. Mil y una veces lo buscó, en rebeliones contra las paritarias del pacto social de la patronal y la burocracia sindical, en lucha directa contra los traidores de la CGT y la CTA, y mil y una vez las corrientes de la izquierda reformista desorganizaron sus embates y dividieron sus fuerzas.
En estos años los trabajadores en sus luchas pusieron un jalón de programa para reagrupar sus filas. El reformismo se preocupó muy bien de que este proceso no se generalice ni se extienda al conjunto de la clase obrera.
Ahí está el grito de guerra de “¡somos todos petroleros!” de los trabajadores de Las Heras, que se levantaron contra la ignominia del impuesto al salario y los contratos basura. Pero ahí también estuvo la “izquierda de Navarro”, la de las condolencias al represor y asesino Sayago, pidiendo que actúe la justicia. Y la justicia actuó, ordenando la militarización de Las Heras y encarcelando a los luchadores obreros que hoy son rehenes del estado burgués.
Ahí están los levantamientos de este año contra las paritarias truchas que sacudieron a más de seis provincias con luchas docentes que arrastraban tras de sí a trabajadores petroleros, de la pesca, estatales, etc., amenazando con reabrir el camino a la huelga general.
Estos levantamientos, que tuvieran su pico más alto en la jornada nacional de lucha del 9 de Abril, imponían una necesaria centralización y coordinación contra las paritarias de hambre de la burocracia y su pacto social, con decenas de fábricas que se rebelaban contra los acuerdos firmados por la burocracia sindical. Esta oleada fue acompañada por la lucha de decenas de fábricas: los trabajadores de Astilleros Río Santiago que recuperaron su cuerpo de delegados de manos de la burocracia; los trabajadores de la alimentación que le arrebataron una decena de comisiones internas a la burocracia sindical de Daer; allí estaban los trabajadores de la carne que se sublevaron contra la burocracia que negoció un convenio esclavista con la patronal de los frigoríficos; los trabajadores de Fate que corrieron a patadas a los burócratas del SUTNA (CTA). La heroica lucha de los obreros del pescado de Mar del Plata que retomaron el SOIP echando a la burocracia de Salas y Verón, en lucha contra el trabajo en negro fue el último estertor de esta oleada de luchas contra las paritarias de hambre y el pacto social y expresaba el combate de los marineros de Puerto Deseado en contra del ese verdadero impuesto al salario que es el impuesto a las ganancias que atacando la propiedad de los monopolios imperialistas españoles lograron torcerle el brazo al gobierno de Kirchner; de los trabajadores fileteros de CONARPESA en Comodoro Rivadavia, de la rebelión de los trabajadores de Aluar contra las paritarias de la burocracia sindical de UOM, etc. Sin embargo, en cada una de éstas luchas que fueron parte de una misma oleada contra las paritarias de hambre, fue una vez más la izquierda reformista la encargada de subordinar éstas luchas y a las comisiones internas recuperadas a los cuerpos orgánicos de la burocracia sindical, a los estatutos antidemocráticos de los sindicatos estatizados y a las conciliaciones obligatorias del Ministerio de Trabajo.
Es la izquierda reformista cuya política es hacer “tendencias clasistas” dentro de los sindicatos pero no para coordinar a los que luchan sino como una “oposición a su majestad”, la burocracia sindical, con la que conviven pacíficamente en los sindicatos estatizados hasta los tuétanos.
Las condiciones para coordinar estaban dadas. La demanda de los combates de los docentes de cinco provincias por un salario de $3.100 de mínimo era la demanda de todo el movimiento obrero argentino. Pero ahí también estuvo la política de la izquierda del Foro Social Mundial que les dijo a los trabajadores que a la burocracia de la CTERA no se la derrotaba en las luchas, sino en elecciones sindicales fraudulentas.
Ahí están los que se negaron -con 30.000 trabajadores en las calles en Neuquén y con una jornada de lucha arrancada a la burocracia el 9 de Abril- a abrir el camino para conquistar un congreso de base de CTERA para reagrupar las filas obreras y poner en pie una verdadera cuña contra el pacto social.
Lo que vemos hoy es una afrenta a los trabajadores, cuando circulan en los pasillos de esa cueva de bandidos que es el parlamento de los políticos patronales, el petitorio que busca condenar al asesino Sobisch, cuando éste fue sostenido por todos los partidos patronales, en primer lugar por el gobierno de Kirchner que militarizó Santa Cruz, para que pudieran disciplinar a los heroicos trabajadores de Neuquén. Allí está el “acta de la rendición a Sobisch” que firmaron todos los renegados del trotskismo que, aliados a la burocracia, dirigen ATEN.
Los obreros del pescado de Mar del Plata recuperando el SOIP, al grito de “¡Basta de trabajo en negro!”, continuaron la posta del reclamo de los docentes de Santa Cruz que, recibo en mano, demostraban que la mayoría de su salario era en negro, tal cual se encuentra el 60% de la clase obrera argentina. La demanda de estas luchas eran un llamado a la unidad con los trabajadores inmigrantes que, a cama caliente, producen como esclavos en los talleres de la patronal textil, con los trabajadores golondrinas de los viñedos de Mendoza y con los millones que, viajando cotidianamente colgados en los techos de los trenes, luchan por ganar su mísero salario de $800 al mes. Esa fue la moción del SOIP, de los heroicos fileteros de Mar del Plata que echando a patadas a la burocracia de esta misma izquierda, como fueran Salas y Verón, llamaron a poner en pie un Comité de Lucha Nacional. Ahí también está la política de la izquierda de disolver esta heroica lucha dejándola aislada y sometiéndola a Tomada diciendo que éste la iba a resolver en un dictamen el 13 de diciembre... cuando ya se termina la temporada de la merluza y miles de obreros esclavos se ven obligados a someterse a los subsidios del estado o al trabajo esclavo en la gastronomía.
Docentes, trabajadores golondrinas, obreros bolivianos que se levantaron cuando murieron quemados en sus talleres de cama caliente, trabajadores del pescado se levantaron contra el trabajo en negro. Fileteros demandaron su vuelta al convenio del ‘75 que les garantizaba 6 horas de trabajo, como las que conquistaran los aguerridos trabajadores del subterráneo de Buenos Aires. Más y más franjas de trabajadores imponían sus demandas que son un verdadero programa para todo el movimiento obrero argentino. Hasta los trabajadores del Casino habían salido a pelear por un nuevo convenio laboral de 6 horas de trabajo porque sus columnas se lesionan, las mujeres embarazadas pierden sus hijos, mientras los empresarios, amigos de Kirchner, se llenan sus bolsillos. Aunque eran todas parte de la misma lucha, quedaron aisladas.
La burocracia del SOMU y sus matones atacaron y desalojaron la fuente de trabajo. Los pistoleros recuperaron el SOIP y no tardaron los matones de Palacio y Moyano de la UTA en escarmentar al Cuerpo de Delegados del Subte. Así paga la clase obrera la dispersión de sus luchas cuando tienen un mismo reclamo.
Así, hoy están también los trabajadores del Casino peleando aislados, a los que se les ha dicho que primero con la conciliación obligatoria, o con la jueza Servini de Cubría, o con entrevistas con Cristina Kirchner se resolvía la lucha, mientras los matones del SOMU se tomaban el casino y los mismos burócratas hacían de testigos de cargo contra los marineros de Puerto Deseado que habían quemado las empresas negreras de los explotadores.
La gran conclusión de los hechos, de los testarudos hechos, es que la clase obrera en sus luchas puso ya en pie el programa para unir las filas obreras: ¡Basta de impuesto al salario! ¡Basta de trabajo en negro! ¡Basta de inflación! ¡Salario mínimo, vital y móvil de $3.100 para todos! ¡Por la reducción de la jornada laboral a 6 horas de trabajo!, con la que podrían entrar a producir todas las manos que aun siguen libres en un país que crece al 9% anual, que le pagó 10.000 millones de dólares al FMI, que subsidió a los bancos con 50.000 millones de dólares y que subsidia hoy a la burguesía del transporte con 10.000 millones de dólares al año, caja ésta que maneja De Vido, de la cual se caen las monedas para pagar a Moyano y a los matones del SOMU y de la UTA que atacan a los trabajadores del Casino y del Subte. En estas condiciones se vuelve más necesario que nunca que vuelva a tronar el programa de los 21 puntos de los verdaderos piqueteros que surgieran al calor del combate de Cutral Có y Mosconi, cuya consigna fundamental de lucha era ¡Trabajo digno para todos! y ¡Reducción de la jornada laboral!
Si hay algo que va quedando claro es que lo que fortaleció al gobierno de Kirchner y debilitó a las masas y a sus embestidas revolucionarias, fue el servilismo a la burguesía de las direcciones de la clase obrera.
Esto deja una gran enseñanza para la aguerrida vanguardia obrera: con esta dirección -que está bajo la disciplina de Chávez, Morales, la Repsol, la Totalfina, los patrones “bolivarianos” como Techint, los ministros de trabajo como Tomada (comandante en jefe de los pistoleros de la burocracia sindical)- no se puede ya pelear ni triunfar. Un nuevo partido obrero revolucionario de la clase obrera merece ser puesto en pie, que luche por la única y verdadera revolución que saque de la postración a los explotados que es la revolución obrera y socialista a nivel continental contra esa farsa de “revolución bolivariana” que lo único que ha hecho es que se fortalezca la reacción y se estabilicen los gobiernos y regímenes cipayos de América Latina.
Ahora el kirchnerato y el frente de los explotadores vienen por todo
Diciembre de 2007: hay que reunificar las filas obreras para parar el ataque del gobierno y crear las condiciones para una nueva ofensiva de masas
La crisis mundial ha comenzado. El reformismo, como enfermero del capitalismo, cada vez verá más segarse el pasto bajo sus pies. Ahora el gobierno viene a por todo. Las cachiporras y los revólveres de la burocracia ya no pueden ser ignorados. El sueño de que iremos recuperando los sindicatos poco a poco, haciendo “tendencias clasistas” donde se organizan en partidos únicos los stalinistas reciclados y los renegados de trotskismo, manteniendo las luchas dispersas y permitiendo que el gobierno centralice sus fuerzas y nos derrote sector por sector, comienza a desnudarse ante los ojos de los obreros perspicaces como una estrategia totalmente impotente y reaccionaria del reformismo para las luchas que están en curso; pero mucho más impotente y reaccionaria es para enfrentar el ataque en toda la regla que ha empezado.
El gobierno de los explotadores debe conseguir créditos a nivel internacional para pagarle los 6.000 millones de dólares al club de París y los 11.000 millones de dólares de los vencimientos de la deuda externa. Hay que seguir emitiendo pesos, que es una verdadera inflación, para sostener un dólar alto, cuando éste se devalúa a nivel internacional, para sostener las ganancias de los parásitos exportadores.
Para ello la inflación y los tarifazos ya están aquí. El hundimiento del salario, la permanencia de millones de trabajadores en negro es la garantía para que las transnacionales y el capital financiero inviertan en Argentina para aumentar la productividad del trabajo, para que la burguesía pueda seguir compitiendo en el mercado mundial con sus exportaciones.
La torta se achica y el gobierno de la Cristina discute que si el tarifazo y el ataque a los trabajadores no alcanza, habrá que recortarle los subsidios a la burguesía de los transportes y por eso pone en jaque al comando de Moyano y prepara o bien su salida, o bien su debilitamiento extremo en las filas de sus agentes de la burocracia sindical.
La burguesía alista a sus agentes para el ataque. Busca en primer lugar derrotar a todas las organizaciones de lucha que se han escapado al control de la burocracia sindical.
Al frente de estas organizaciones, la izquierda reformista, ese partido único del MIC, el PTP, el PO, el PTS, el MAS, y otros desgajamientos del morenismo, intentan ignorar este ataque y escondiendo la cabeza como el avestruz, persiste en clamar por que se le permita mantener sus espacios “conquistados” como los encargados de disciplinar -tras jueces y parlamentos “democráticos”- a las distintas embestidas de franjas de los trabajadores que entran al combate para que estos no reagrupen sus fuerzas.
Esto ya no podrá ser así. Las condiciones han cambiado. El ciclo de negocios de los capitalistas, para ser mantenido, necesita del disciplinamiento de todos sus agentes, y también del reformismo. En el polo opuesto la clase obrera, si aún quiere mantener sus conquistas y parar este ataque, tiene la necesidad insoslayable de reagrupar sus filas. De no ser así, se preparan futuras y enormes derrotas para los trabajadores.
No se puede perder un segundo más. El ataque ha comenzado. El programa para la lucha ya lo puso en pie la clase obrera. Las condiciones para imponer la coordinación de los que luchan ya están mucho más que maduras, se están descomponiendo. Esas condiciones son el ataque centralizado del capital y su gobierno.
El reformismo persiste en su política impotente de buscar jueces, parlamentarios y ministros “democráticos”. Esto pone en peligro cada lucha de los trabajadores y sus conquistas. Demuestran a cada paso el servilismo de su programa.
Los revolucionarios estamos a favor de aprovechar todo fallo judicial o ley del Parlamento que sean favorables a los trabajadores, pero jamás fomentamos la más mínima ilusión en que serán los jueces patronales o la cueva de bandidos del Congreso los que resolverán las demandas de los trabajadores. Porque en todo caso, los fallos favorables solo vendrán como subproducto de las luchas heroicas, cuando los trabajadores le pongamos el pie en el pecho a los capitalistas.
El programa de los renegados del trotskismo armado con los desechos
de la socialdemocracia y del aparato stalinista que entregó
los estados obreros a la restauración capitalista en 1989
Ahí están las más de 100 fábricas recuperadas, cuando la burguesía quebraba en el 2001 y dejaba a millones de trabajadores en la desocupación y la miseria. Nos quieren hacer creer a los trabajadores argentinos, cuando esas fábricas están simplemente concesionadas en cooperativas para que los obreros se autoexploten, de que esa enorme conquista se puede mantener, e inclusive conseguir una propiedad para los trabajadores con petitorios de 30.000 firmas.
La burguesía viene a por todo. Con esos petitorios -como decía León Trotsky en los años 30- sólo se podrá engordar la industria del papel y las ganancias de las pasteras. Porque son eso, papeles.
¡Los trabajadores pusimos a funcionar las fábricas abandonadas por los capitalistas en el crac del 2001, con luchas, huelgas y sólo las conquistamos como una parte decisiva de la lucha revolucionaria de la clase obrera del 2001 y 2002! Como toda conquista, si el sistema capitalista se sobrevive, no perdura, se pierde, tal cual el aumento de salario que se lo come la inflación, tal cual los Planes Trabajar conseguidos con la sangre obrera que terminaron como limosna de un movimiento piquetero convertido en mendigos por las direcciones reformistas.
Ahora la burguesía viene por todo. ¿Cómo defender esa conquista de la revolución del 2001 con encuentros y salones de venta organizados por los usureros del banco Credicoop, la embajada italiana y el ministerio de trabajo y los nuevos burgueses millonarios surgidos de la “revolución bolivariana” de Venezuela? Atrapados por el aislamiento de las luchas, los obreros de las fábricas recuperadas intentan mantener su conquista como pueden, con mil y un sacrificios. Pero por este camino, lo que está por delante no es una futura propiedad obrera en “fábricas socialistas islas”, sino en que se conviertan los directorios de esas cooperativas en explotadores de nuevos obreros esclavos para poder pagar los créditos usureros que propone darle el banco Credicoop y el imperialismo italiano y los “boliburgueses”. Sin darse cuenta, terminarán sometidas a cooperativas de esclavistas, como devinieron las cooperativas del pescado de Mar del Plata. O bien ante una nueva crisis de la economía capitalista serán barridas por la competencia, si es que antes el estado no da un golpe de mano para recuperarlas.
El camino del reformismo lleva a un callejón sin salida, porque estas conquistas que perduran lo hacen porque se mantienen vivas aun en los combates contra la burocracia y el pacto social, la pólvora que no lograron mojar totalmente de la revolución del 2001. ¡Si nos tocan a uno, nos tocan a todos! ¡Por la nacionalización, sin pago, bajo control obrero! Con esas demandas revolucionarias embestían los trabajadores por sus fábricas, recuperando Zanón, Brukman y tantas otras. Hoy esas demandas han sido abandonadas. Cada una de las fábricas recuperadas han quedado sujetas a las leyes del capitalismo. El estado que subsidia con miles de millones a los banqueros, a los exportadores, a las patronales del transporte, se libera a sí mismo de tener que invertir un peso en las fábricas recuperadas por los trabajadores. Las máquinas se deterioran. Se necesita crédito e inversión. Los trabajadores pierden entusiasmo en la producción, puesto que sólo pueden recuperar un mísero salario autoexplotándose sin jubilaciones, ni aguinaldos, ni vacaciones. La productividad cae. Amenazan, no sólo el estado y los jueces, con liquidar la concesión a la administración obrera, sino que también amenaza por ahogo o falta de inversión la propia producción de las fábricas recuperadas, que sólo se han mantenido por el enorme trabajo y abnegación de esos obreros, demostrando que son una verdadera conquista. La demanda inmediata de las fábricas recuperadas, no puede ser otra, para lograr un mismo reclamo y una misma lucha, que como se conquistaron ¡Por la nacionalización, sin pago, bajo control obrero de todas las fábricas recuperadas, en el camino de la nacionalización sin pago de todos los recursos petrolíferos y acuíferos, y de las transnacionales en Argentina!
La lucha de cada empresa recuperada, sometida a sus respectivos jueces y legislaturas y gobernaciones, a distintos bancos y embajadas, lejos de unirlas las divide y serán presa fácil de la competencia capitalista o de la próxima crisis, o de un zarpazo del gobierno para recuperarlas.
Con la demanda de terminar con la propiedad precaria no se frena semejante ataque. Sólo se preparan futuras derrotas, eso sí, con muchas firmas y papeles en petitorios que no tienen ningún valor.
Así, la lucha por la defensa de nuestras conquistas de las fábricas recuperadas y por parar el ataque del kirchnerato que se ha redoblado y que con la inflación nos come, en un mes, los míseros aumentos conseguidos por las paritarias truchas de la burocracia y el gobierno, para terminar con el trabajo en negro y la contrata de la amplia mayoría de la clase obrera argentina y para conquistar el trabajo digno para los desocupados, se ha vuelto en lo inmediato, más necesario que nunca, poner en pie un programa que vuelva a atacar la propiedad de los capitalistas como lo hicieron las masas revolucionarias del 2001 y 2002.
Porque, el programa marxista plantea que sólo peleando por todo se puede conseguir lo más mínimo. Sólo cuando ve la posibilidad de perder todo, la burguesía cede algo. Estas son las leyes que rigen la relación entre las clases, que para los sirvientes de la burguesía están vedadas bajo siete llaves.
La demanda mínima que puede conquistar una enorme solidaridad con los trabajadores del subterráneo no puede ser solo que ellos quieren un plus de aguinaldo, que con justicia merecen, como todos los trabajadores argentinos. El camino para que reciban el apoyo de los usuarios, que son trabajadores, no puede ser otro que plantear que su lucha por el aguinaldo es parte de la lucha contra la carestía de la vida que sufren todos los que viajan cada día en los trenes maltrechos de Metrovías. Sólo la lucha de los trabajadores del Subte por encabezar la lucha contra la carestía de la vida y contra las paritarias truchas rodeará de solidaridad su combate y allí encontrarán las fuerzas para derrotar a la patronal y a los matones de la burocracia y volverán a recuperar las fuerzas que los rodeaban, cuando junto al movimiento piquetero y el apoyo de las organizaciones en lucha se tiraban a las vías y conquistaban las seis horas y el cuerpo de delegados.
Pero esto plantea y pone a la orden del día unir las filas obreras bajo un solo reclamo para hacer frente coordinada y centralizadamente al ataque de los explotadores. Todo lo demás es una política impotente, de presión, que no da cuenta que toda lucha económica hoy se transforma inmediatamente en lucha política, porque pone en cuestión el pacto social del gobierno, la patronal y la burocracia; que lejos de desparramar concesiones, ahora viene por todo, con su gobierno y su régimen fortalecido y con las cachiporras y las armas de sus pistoleros, la burocracia sindical.
Reformistas, socialdemócratas confesos como el PTS, han declarado muy sueltos de cuerpos que las masas están en un “estadío de la guerra”, es decir, el de la lucha económica. Hay que ser un imbécil o un embaucador de obreros para plantear que los trabajadores tienen tiempo de aprender en la escuela de la lucha económica. Hay que ser un vocero de Fidel Castro para decir que presionándolo, el gobierno, puede repartir (así terminan los gramscianos) cuando justamente todos los negocios de los capitalistas se basan en un plan exportador donde la mano de obra argentina termina compitiendo con la mano de obra esclava de China y Taiwan. Este es un cuento de pequeñoburgueses que con estos desechos de programa más sus propuestas de “corrientes clasistas” en los sindicatos proponen un partido único a las corrientes de la izquierda obrera, pero que no estará bajo la dirección del PTS, sino…del PCR-PTP.
Pero la burguesía ha comprendido perfectamente el carácter político de las luchas económicas actuales. Como diría Lenin –al contrario de éstos déspotas ilustrados, semi académicos, como el PTS- en momentos en que la crisis económica mundial ya ha comenzado, es la lucha política la que contiene a la lucha económica. Por eso, se entiende ahora el programa mínimo socialdemócrata que levanta el PTS todos los días en las luchas y el programa máximo, “rojo”, que plantea en las charlas que da en sus locales en los días de fiesta.
Lo que se prepara es el choque frontal entre dos locomotoras y esto es inevitable. De un lado, los trabajadores que no soportan más la inflación, ni el salario de miseria, en un país que ya ha producido, en más de 5 años, una enorme riqueza con el sudor de los trabajadores; y del otro lado una clase dominante que para mantener su ciclo de negocios debe derrotarlos definitiva e históricamente. Esas son las condiciones que imponen la necesidad de la coordinación en la lucha de los que enfrentamos al pacto social.
¡No hay condiciones! -chillan y gritan los traidores del FSM, ese rejunte de stalinistas y renegados del trotskismo-. Pero las condiciones están y para la clase obrera se deben conquistar. Lo que faltan son direcciones al frente de las organizaciones combativas de la clase obrera que se lo propongan firmemente.
El reformismo, bajo estas condiciones, es una verdadera aventura que dejará aislada a la aguerrida vanguardia de la clase obrera argentina, como carne de cañón del estado burgués y de los matones de la burocracia sindical, o lo que es peor, de la represión del estado burgués. Así, como decía León Trotsky en los años 30 acerca de la Internacional II y media, los renegados del trotskismo en Argentina, no son más que el “cuarto” de esa Internacional “V y un cuarto” que es el Foro Social Mundial. Los renegados del trotskismo con su programa mínimo para las luchas, de lenta “recomposición reformista” del movimiento obrero, con sus petitorios de presión a los parlamentos burgueses no hacen más que reeditar el nefasto programa reformista de Juan B. Justo y la vieja socialdemocracia del puerto de Buenos Aires, que ya padeció y sufrió durante años la clase obrera en nuestro país.
En este 20 de diciembre: para parar el ataque de los explotadores,
reabrir el camino del 2001, defender nuestras conquistas,
terminar con el hambre y la explotación y parar a los matones
de la burocracia sindical, hay que poner en pie ya un
COMITÉ DE LUCHA NACIONAL
Contra la estrategia del reformismo que pone al proletariado a los pies de la burguesía hay que poner en pie una estrategia obrera revolucionaria para triunfar y reabrir el camino de la revolución del 2001. Para ello hay que independizar a lo mejor de la clase obrera argentina y a su valiente juventud, que fue la avanzada de los combates del 20 de diciembre de 2001, de la izquierda del Foro Social Mundial. Hay que reagrupar a los obreros perspicaces y concientes bajo el programa de la revolución obrera y socialista y romper toda subordinación de la clase obrera argentina a la farsa de la “revolución bolivariana” y, de forma particular, arrancarla del sometimiento al reformismo, que sólo promete triunfos parciales y tácticos y lo único que ya comienza a entregarle a los trabajadores son derrotas.
El ataque del kirchnerato ya está aquí. Los tarifazos, aplicados el mismo día en que se contaban los votos de las últimas elecciones presidenciales, fueron acompañados por el accionar de los matones a sueldo de la burocracia sindical en el Casino, en Mar del Plata, en el Subter.
Se trata, en primer lugar de explicarles a los trabajadores que entran al combate cuáles son las condiciones de la lucha. Todo embellecimiento de las verdaderas y duras condiciones que nos tocan enfrentar a los trabajadores, todo “camino fácil” de “triunfos parciales”, de nuevas direcciones que maduran lentamente, se encontrará con la cachiporra, el palo y la pistola de los matones de la burocracia o con la represión de la policía y la gendarmería asesina.
Toda lucha aislada y desincronizada, como ya se está viviendo, concentra todas las fuerzas del enemigo. La primera tarea es unir a los que luchan y coordinarnos. El ala izquierda del Foro Social Mundial, ese partido único dirigido en Argentina por el PTP del PTS, el PO, el MAS, el MST, etc., es el único obstáculo para que no se den las condiciones para conquistar ya UN COMITÉ DE LUCHA NACIONAL para coordinar a los que luchan y centralizar el combate. Ellos son los únicos responsables hoy de que no existan estas condiciones.
Este 20 de diciembre habrá centenares de organizaciones de lucha en la Plaza de Mayo. ¿No hay condiciones? Ahí mismo, transformando ese acto de propaganda, conmemorativo, en una verdadera asamblea de los que luchan, con sus dirigentes a la cabeza, podría votar a mano alzada la constitución de un comité de lucha nacional, y que SI NOS TOCAN A UNO, NOS TOCAN A TODOS. Allí sobrarían las fuerzas para organizar los comités de autodefensa centralizados de todas las organizaciones obreras que enfrentan al pacto social. Los matones y pistoleros de la burocracia se han cebado. Ya han hecho correr sangre obrera. El pacifismo de los partidos de la izquierda pequeñoburguesa solo los fortalecen. En algún punto los trabajadores los debemos detener ya. La burocracia rompehuelgas de la CGT y la CTA, con sus matones, necesitan un escarmiento. Los trabajadores tenemos el legítimo derecho a la autodefensa cuando salimos a pelear.
No se puede jugar a las escondidas. El ataque ya está aquí. El 20 de diciembre las corrientes de la izquierda reformista harán hermosos discursos, hablarán del “socialismo”, de la “revolución”, de la “independencia política de los trabajadores”, pero el 21 dirán “adiós al programa de la revolución, adiós a la lucha por el control obrero” y se desarmará el palco donde estarán todos, y la división de las filas obreras se mantendrá. ¡No lo podemos permitir! Los obreros del Casino se quedarán despedidos. Los obreros del SOIP quedarán esclavizados. Los del Subte quedarán sometidos a las negociaciones de la burocracia de la UTA. Los docentes, atacados por doña Cristina, entrarán en vacaciones añorando su “maestrazo”. El plan de reconciliación y de legitimación de las FFAA, del “frente para la impunidad” seguirá su curso y lo que es más grave, los luchadores obreros de Las Heras y Villalba, seguirán bajo arresto domiciliario en condiciones mil veces peores a las de Von Wernich, Etchecolatz y Nicolaides, alojados en verdaderas “cárceles country” donde se dedican a conspiran contra el pueblo.
Para enfrentar el pacto social: ¡Comité de lucha y coordinación ya! Para reagrupar las fuerzas, para enfrentar la carestía de la vida, conquistar la escala móvil de salario y horas de trabajo para todos.
Son ellos o nosotros. De un lado todos los que volvieron y del otro los que queremos que vuelva la lucha revolucionaria de la clase obrera argentina. De un lado la farsa y la caricatura de la “revolución bolivariana” y del otro los que luchamos todos los días por la revolución obrera y socialista y que les decimos a los trabajadores que luchando todos los días por tomar el poder en nuestras manos podremos arrebatarles tal o cual conquista a los explotadores, y que éstas se perderán indefectiblemente de no avanzar por ese camino. De un lado los que le dicen a los trabajadores que se pueden conseguir triunfos parciales y conquistar una lenta “recomposición reformista” de la clase obrera, y del otro lado los que le decimos la verdad por más dura y cruel que sea y la alertamos sobre los peligros que la acechan: que los obreros en Argentina deben mirarse en el espejo de los obreros sometidos y explotados por los nuevos mandarines chinos, porque el kirchnerato buscará imponer un nuevo “menemato” al servicio del frente exportador; para ello ya tienen plenos poderes, gobiernan por decreto y han estatizado por completo los sindicatos. Se acabó el verso alfonsinista de que “con la democracia se come, se educa y se cura” y las masas ya se han dado cuenta de esto aunque los señores reformistas no se hayan percatado. En este 20 de diciembre de 2007: reforma o revolución sigue siendo la alternativa de hierro en el movimiento obrero mundial, y en nuestro país en particular.
Para conquistar la unidad, ya desde el 2001 la clase obrera y sus sectores avanzados han mocionado un programa para unir las filas obreras
En algunos gremios como metalúrgicos, el SMATA, etc., para impedir una rebelión de las bases obreras, la burocracia se ha visto obligada a ponerse a la cabeza de las luchas por un aumento de emergencia en el aguinaldo de fin de año. Aumento de emergencia que será licuado a cuenta de los futuros aumentos de las futuras paritarias.
La lucha contra la carestía de la vida y la inflación es la demanda que unifica a todo el movimiento obrero argentino. Es la primera que puede unificar las filas obreras, romper el aislamiento de las luchas, y recomponer las fuerzas obreras para enfrentar a la burocracia y a la patronal. La demanda mínima no puede ser otra que:
¡BASTA DE CARESTÍA DE LA VIDA! ¡ABAJO LAS PARITARIAS DE HAMBRE Y MISERIA DE LA PATRONAL, EL GOBIERNO Y LOS TRAIDORES DE LA BUROCRACIA DE LA CGT Y LA CTA! ¡$3.600 DE SALARIO BÁSICO, VITAL Y MÓVIL AJUSTADO MENSUALMENTE DE ACUERDO AL COSTO DE VIDA PARA TODOS LOS TRABAJADORES!
Los trabajadores del SOIP y del Casino ya han planteado la demanda de 6 horas de trabajo. Con heroicas luchas los trabajadores del Subte ya la han conseguido. Pero esta conquista hoy peligra por los fallos en contra que ya dictaminó la justicia burguesa. Esta es una necesidad de toda la clase obrera, y en primer lugar, de los más de 3 millones de desocupados y subocupados que entran y salen del proceso productivo. ¡6 HORAS DE TRABAJO PARA TODOS! Para defender esta conquista del Subte hay que generalizarla y levantarla como bandera de todos los explotados. ¡Trabajo digno para todos reduciendo la jornada laboral a 6 horas para que entren todas las manos disponibles a producir! ¡BASTA DE ESCLAVITUD! ¡BASTA DE TRABAJO EN NEGRO Y CONTRATADOS!
Plata sobra, hay 40 mil millones de dólares en las reservas del Banco Central, hay millones de dólares de superávit fiscal que este gobierno utilizó para pagarle al FMI, al Banco Mundial y para darle subsidios millonarios a los monopolios del transporte, las comunicaciones, etc. Hay que pelear por todo de la misma manera que lo hacen los explotadores.
¡Abajo el Pacto Social de la patronal esclavista, los banqueros, el gobierno y la burocracia sindical de la CGT y la CTA! ¡FUERA TOMADA Y LOS TRAIDORES DE LA BUROCRACIA SINDICAL QUE CONOCEN PERFECTAMENTE EN QUE LUGAR Y EN QUE EMPRESA ESTAN LOS MÁS DE 6 MILLONES DE OBREROS EN NEGRO Y PRECARIZADOS QUE HAY EN ARGENTINA!
POR LA ELECCIÓN DE DELEGADOS POR TALLER, PYME, O EMPRESA QUE NEGREA PARA COORDINARSE JUNTO AL MOVIMIENTO PIQUETERO Y LAS ORGANIZACIONES OBRERAS EN LUCHA PARA ENFRENTAR A LAS PARITARIAS TRUCHAS DE HAMBRE Y ESCLAVITUD DE MOYANO, YASKY Y LOS KIRCHNER
Las conquistas peligran. La autogestión obrera con propiedad precaria de las empresas recuperadas corre peligro. La lucha de los productores, es decir, de la clase trabajadora, no es ni podrá ser jamás por convertirse en patrones explotadores. Ello es una utopía reaccionaria. La ofensiva ya está aquí. Vencen las concesiones transitorias de jueces y legislaturas. El crédito para producir es cada vez más usurero. Los obreros se autoexplotan sin convenio, sin vacaciones ni aguinaldo para mantener esa conquista. ¡Basta! Para mantenerlas, para unificar a las fábricas recuperadas y para unir las luchas de los trabajadores petroleros, de las telefónicas, y de las transnacionales que saquean el país, la demanda inmediata no puede ser otra que:
¡NACIONALIZACIÓN SIN PAGO Y BAJO CONTROL OBRERO YA DE TODAS LAS FÁBRICAS RECUPERADAS A LA BURGUESÍA!
¡NACIONALIZACIÓN SIN PAGO Y BAJO CONTROL OBRERO DE TODOS LOS YACIMIENTOS PETROLEROS Y ACUIFEROS DE LA ARGENTINA!
¡FUERA LAS TRANSNACIONALES! ¡NACIONALIZACIÓN SIN PAGO Y BAJO CONTROL OBRERO DE LOS MONOPOLIOS Y LOS BANCOS!
El reformismo cree que rebajando el programa inmediato de los trabajadores defiende las conquistas obreras, sin luchas heroicas, sin derrotar a la burocracia sindical con luchas en la calles, y sin poner en pie organismos de autodeterminación de las masas en lucha. ¡QUE VUELVAN LAS ASAMBLEAS! ¡VIVA LA DEMOCRACIA OBRERA! ¡POR LA AUTOORGANIZACIÓN DE LOS TRABAJADORES! ¡FUERA LAS MANOS DEL ESTADO, DE SUS MINISTROS Y JUECES Y LA LEY DE ASOCIACIONES PROFESIONALES CON LAS QUE SE COOPTAN A LOS SINDICATOS AL ESTADO BURGUÉS DE LAS ORGANIZACIONES OBRERAS! con sus estatutos dictatoriales y con una burocracia corrupta y sus bandas de pistoleros.
¡ABAJO LA BUROCRACIA SINDICAL!
¡POR LA DEMOCRACIA DE LAS ASAMBLEAS!
Que los dirigentes de los sindicatos VUELVAN A TRABAJAR DESPUÉS DE UN PERIODO DE MANDATO
POR DELEGADOS ROTATIVOS, VOCEROS DE LAS ASAMBLEAS DE BASE,
DONDE HABRA QUE IMPONER DEFINITIVAMENTE EL RESPETO A TODAS LAS POSICIONES EN LA ASAMBLEA, para que los obreros decidan cual es el mejor camino para que la lucha triunfe. Donde tengan voz y voto los que luchan y no lo tengan los carneros y rompehuelgas.
¡ABAJO LAS CUOTAS COMPULSIVAS, LOS CRÉDITOS DEL BANCO MUNDIAL Y EL ROBO A LAS OBRAS SOCIALES DE LOS TRABAJADORES CON LAS QUE SE FINANCIAN 100.000 PISTOLEROS A SUELDO DE LA PODRIDA BUROCRACIA DE LA CGT Y LA CTA!
No se puede pelear con rehenes en manos del estado burgués. En cada lucha la demanda inmediata y el reclamo y la exigencia debe ser: LIBERTAD YA A LOS PRESOS DE LAS HERAS Y A JOSÉ VILLALBA! ¡DESPROCESAMIENTO DE TODOS LOS LUCHADORES OBREROS y populares PERSEGUIDOS! ¡APARICIÓN CON VIDA DE JULIO LOPEZ!
El ala izquierda del Foro Social Mundial, el partido único de stalinistas y renegados del trotskismo, está empeñada en separar la lucha de las demandas inmediatas de las masas del combate por la libertad de nuestros compañeros. Para ellos es un problema individual de ellos, que se arregla litigando con los jueces. ¡Es una vergüenza, que estando al frente de las organizaciones obreras no hayan iniciado ellos una campaña centralizada con marchas en las calles por arrancar a los presos de las cárceles, y por juzgar y castigar a todos los asesinos, incluidos a los del 20 de diciembre que gozan de buena salud, como De la Rúa, Menem y Duhalde!
Para la “izquierda de Navarro”, que desertó de Las Heras llamando a que intervenga la jueza Ruata de Leone para militarizar la ciudad, la demanda por la libertad de los presos por luchar hay que guardarla bajo la alfombra y solo levantarla cuando se marcha a algún juzgado para presionar a algún juez, o en algún acto conmemorativo.
¡Abajo el plan de reconciliación con las FFAA y la nueva teoría de los dos demonios de la justicia y el estado burgués argentino!
¡Juicio y castigo a todos los genocidas!
¡Abajo la casta de jueces y los consejos de la magistratura!
POR TRIBUNALES OBREROS Y POPULARES PARA JUZGAR Y CASTIGAR A LOS ASESINOS DEL PUEBLO
¡Por un tribunal de Nuremberg de todas las organizaciones obreras y populares, que son las que realmente sufrieron el genocidio, y vayan todos presos, inclusive los Alfonsin, los de la rua, los menem, los duhalde, sobisch, y demás responsables de asesinatos de obreros en estos últimos 25 años de democracia para ricos!
¡Juicio y castigo a Ibarra y a todos los asesinos de Cromañon!
Por la disolución de la gendarmería, la prefectura y demás fuerzas de seguridad y represión contra los trabajadores
Por comités obreros de vigilancia para defender la seguridad de los trabajadores y sus familias.
Basta de condolencias con los prefectos, gendarmes asesinos de los trabajadores y el pueblo, que los defiendan los patrones que les pagan para reprimir a los obreros.
¡QUE SE VAYAN TODOS, QUE NO QUEDE NI UNO SOLO!
Para reabrir el camino del embate revolucionario del 2001
hay que romper con la revolución bolivariana,
que es la supeditación de los trabajadores a la burguesía
El partido único de stalinistas y renegados del trotskismo nos acusa a los trotskistas de ser “locos, aventureros y ultra izquierdistas”. Ahora, nuevamente, los hechos y la vida dan su veredicto. Desde Democracia Obrera afirmamos que la política aventurera e irresponsable del reformismo es la causa por la que se ha dejado aislados a los trabajadores del casino para que la prefectura los reprimiera. Asimismo, el reformismo es el responsable de dejar aislados a los trabajadores del subte y expuestos a un feroz ataque de la burocracia que anticipa el brutal ataque de la patronal que se prepara.
Pero también sostenemos que las verdaderas y únicas “ultra izquierdistas” son las corrientes provenientes de las excrecencias del stalinismo (al estilo del PRT) dirigidas por Celia Hart -que es totalmente conciente de que las variantes reformistas cada vez tienen menos margen de maniobra y que son repudiadas cada vez más por la vanguardia obrera combativa y por eso prepara a estas variantes ultraizquierdistas como nuevos diques de contención- que son igual de responsables de haber dejado aislados a los trabajadores a merced de la represión. Su estrategia para las luchas, aunque desde una base distinta, es la misma que la del reformismo: presionar al estado burgués para que éste le dé concesiones al movimiento obrero. El reformismo lo hace desde su óptica de que con luchas aisladas, mínimas, se pueden conseguir triunfos parciales, mientras que el ultra izquierdismo lo hace por medio de acciones de fuerza desesperadas en las que también lleva a pelear a la vanguardia aislada, por fuera de las masas. Ahí están entonces las tomas de los ministerios dirigidas por estos ultra izquierdistas, que dejan a la vanguardia sola, aislada, exponiéndola a que le rompan la cabeza y la encarcelen, como ya ocurrió. Pero ni unos ni otros tienen en cuenta las necesidades del conjunto de las masas. Sólo se fijan en un sector y cómo desde ese sector se puede pedirle al estado burgués que le dé algo. Se niegan a unificar las filas obreras y encarar el combate como lo que es: un combate de clase contra clase, del conjunto de los explotados en lucha por conseguir sus demandas contra los explotadores, su gobierno y sus agentes.
La política de presionar al estado burgués, de declarar neutrales a los parlamentos, a los jueces y ministros, y que éstos, a través de petitorios, puedan volcarse a favor de los trabajadores es una irresponsabilidad que liquida el odio de los explotados hacia los explotadores, que hace pasar a los enemigos del pueblo por sus aliados y que prepara las condiciones para un feroz ataque del estado burgués.
Hoy, desde los aparatos de la izquierda reformista, se mandan cartas proponiendo hacer un “partido de trabajadores”, un “movimiento por la independencia de clase”, ahora… que fue derrotado Chávez en el plebiscito. Esto es así porque a esta izquierda reformista la han mandando a cubrir el flanco izquierdo de los gobiernos burgueses del Foro Social Mundial, expropiadores de la revolución latinoamericana, cuando los trabajadores, hastiados de su demagogia y charlatanería hueca, intentan romper con ellos y buscan un camino revolucionario.
Ahora hablan de independencia de clases cuando todos apoyaron a Chávez en el referéndum del 2002, le hicieron campaña electoral a él y a Evo Morales y -como el PSTU y la LIT- llamaron a votar a Lula.
Ahora llaman a enfrentar a la Bachelet, cuando ya hicieron un partido único con el PC en Chile, el PODEMOS, que demostró ser el mejor sostén del gobierno y del régimen cívico militar.
¡Basta de mandarse cartas y proclamas de unidad! Ya son un partido único. Ya tienen un local común que funciona en el Bauen. Todos coordinan y centralizan su pérfida actuación en la vanguardia obrera. En Argentina, están todos bajo la dirección del PTP que los disciplina. Este partido ya ha probado su lealtad al régimen burgués en el ‘75 con Isabel Peron, en el ‘83 con Herminio Iglesias y en el ‘89 votando a Menem.
Hablan de “independencia de clase” pero se han dedicado, como lo hicieron desde el 2001, a desmontar y deshacer todo embrión de organismo de autodeterminación de las masas en lucha. Únicos organismos, los de democracia directa, en los que la clase obrera podrá imponer su independencia de clase.
Esto es así porque su política de todos los días, su “táctica” devenida en estrategia, es ser la oposición a “su majestad” la burocracia sindical en los sindicatos, donde llaman a hacer corrientes “clasistas” con sus programas mínimos de petitorios y luchas que caen “simpáticas” a la pequeño burguesía, pero cuidando que nadie salga de los estatutos de los sindicatos estatizados hasta los tuétanos. Reniegan a cada paso, ayer en la revolución argentina, y hoy en la lucha defensiva, de poner en pie los organismos de autodeterminación de las masas en lucha. Para los que, según opinan ellos, nunca hubo ni habrá condiciones para desarrollarlos y generalizarlos.
En el 2001 y 2002, con las masas en la ofensiva revolucionaria, también afirmaban que no había condiciones, que había que “ir de a poco”. Y decían esto justo en el momento en el que se descalabraba el régimen burgués. Se juramentaron nunca más realizar asambleas de base con delegados, con la vanguardia y los explotados de todo el país resolviendo sobre su destino y su lucha, como fue la primera Asamblea Nacional Piquetera de ocupados y desocupados.
Fueron los reformistas los que disolvieron la segunda Asamblea Nacional Piquetera, los que echaron a punta de pistola a los que opinaban distinto, e incluso, como hizo el PO, los que llegaron a entregar a obreros a la policía y poner testigos de cargo para que los condenaran.
A su partido único, al que sólo le falta un nombre común, en Argentina, sólo le interesa copar a las masas desde arriba, para así “dirigirlas”. Son enemigos de la autoorganización de las masas en lucha, y por ende, de la democracia directa de los trabajadores. Saben que allí, en éstos organismos, rápidamente se demostraría toda la impotencia y servilismo del reformismo.
Por ello fundaron decenas de corrientes “clasistas” con acuerdos de cúpulas, a espaldas de la base. La izquierda reformista ha hecho un verdadero frente único por arriba para impedir que surjan los organismos de democracia directa de las masas.
En este nuevo aniversario de la jornadas revolucionarias del 2001 y 2002 los trotskistas internacionalistas de Democracia Obrera afirmamos que con esta dirección, las enormes franjas combativas de la clase obrera y la juventud no podrán jamás sacarse de encima el control de los pistoleros y gangsters de la burocracia sindical, que oprimen a la clase obrera en verdaderas fábricas-cárceles de la patronal esclavista.
Las acciones revolucionarias del 2001 y 2002 no fueron más que la expresión de que se rompía uno de los eslabones más débiles de dominio imperialista en América Latina. Junto a la revolución ecuatoriana y boliviana fueron los eslabones que amenazaron con dislocar al patio trasero del imperialismo yanqui. Fue esa pérfida política de colaboración de clases del frente popular, de “socialismo de mercado” y de apoyo a los patrones “democráticos” y “progresistas” la que cercó y estranguló estos combates a nivel continental, entregando la lucha antiimperialista de las masas a las rastreras y cobardes burguesías nacionales asociadas a las transnacionales y el imperialismo.
El levantamiento revolucionario del 2001 en Argentina fue un eslabón en una única y sola revolución latinoamericana. Que amenazó incluso, desde el México profundo y los millones de inmigrantes en EEUU, con confluir con los trabajadores norteamericanos que se levantaban contra la guerra imperialista.
Esta cadena de revoluciones fue abortada y expropiada también por una dirección internacional centralizada y disciplinada, encabezada por la burocracia restauracionista castrista, y la aristocracia y burocracia obreras de Brasil, que bajo las órdenes de Chávez, disciplinaron y rejuntaron a todos los deshechos del stalinismo en crisis y a los renegados del trotskismo para que sean la cobertura por izquierda de esa farsa de “revolución bolivariana”, que lo único que ha dado han sido “boliburgueses” y “boliburócratas”, entregadores de la lucha de la clase obrera del continente.
La lucha por una dirección revolucionaria de la clase obrera, tan necesaria para los combates actuales y para preparar los combates futuros que vienen, será una tarea de los revolucionarios internacionalistas. El partido de la revolución Argentina será un partido latinoamericano, o no será. Será un partido de la revolución obrera y socialista continental, capaz de unir a los explotados de América Latina con sus hermanos de clase de EEUU, o toda revolución nacional quedará cercada y estrangulada por la burguesía y las direcciones serviles que la sostienen.
Con la democracia obrera, desde los aguerridos combates contra la patronal y la burocracia, para retomar el camino del 2001, hay que convocar a la
TERCERA ASAMBLEA PIQUETERA DE TRABAJADORES OCUPADOS Y DESOCUPADOS CON DELEGADOS DE BASE DE TODOS LOS SECTORES EN LUCHA QUE ENFRENTEN AL PACTO SOCIAL
La revolución argentina volverá a asomarse en nuestro país cuando desde las bases, desde las asambleas, superando al limite del reformismo y bajo el fuego graneado del capital que despierta a cada paso la conciencia de los trabajadores y su ánimo de combate, se creen las condiciones para imponer un gran congreso de delegados de base de las centenares de organizaciones arrebatadas a la burocracia sindical que estén dispuestas a enfrentar hasta el final al pacto social y a la ofensiva del gobierno.
Como ya dijimos, las condiciones objetivas para estas tareas ya empiezan a madurar. Faltan las condiciones subjetivas. Una dirección revolucionaria, que también ya está madurando y combatiendo al reformismo, no sólo en Argentina, sino también a nivel continental e internacional. Un nuevo reagrupamiento de las filas obreras es imprescindible, pero bajo un programa y una estrategia revolucionaria. La condición para conquistarlo es independizar al proletariado latinoamericano de esos expropiadores de la revolución organizados en el Foro Social Mundial, y de su ala izquierda que sostiene a los gobiernos y regímenes cipayos latinoamericanos en momentos en que éstos, con sus Mercosur y sus ALBA, se muestran como lo que son: una junta de gerentes, organizadora de los negocios de la patronal y las transnacionales.
Las condiciones de la época de crisis, guerras y revoluciones, que para los reformistas se dan “de vez en cuando”, se muestran permanentes y se profundizan. En éstas, que son las que alimentaron y foguearon el embate de las masas revolucionarias del 2001 y 2002, se crearán las bases para que las masas den un paso adelante y los reformistas queden como peces fuera del agua boqueando.
Las condiciones para un gran Congreso de delegados de base, con barra, en un estadio de fútbol o en el Luna Park ya están más que maduras, se están descomponiendo. La puesta en pie de un polo obrero de combate contra el pacto social y de coordinación de los que luchan es una necesidad impostergable. Las leyes de la historia son más fuertes que cualquier aparato. El reformismo (que fue tan útil para despejarle a la burguesía el espectro de la revolución), cuando se profundicen los actuales y futuros combates entre las clases, ya no podrá hablar más en nombre del socialismo y la revolución proletaria porque ya cada vez menos se les cree, y mañana nadie les creerá.
Se trata de colaborar con las masas y su vanguardia para deshacerse de todas las direcciones que le impiden el camino al triunfo y a la revolución. Se trata de impedir que los aparatos conservadores del pasado, que abrevaron durante años en el régimen burgués infame, moldeen a los obreros y jóvenes avanzados, y les cierren a cada paso el camino para autodeterminar su lucha y para preparar su triunfo.
Desde Democracia obrera, en este nuevo aniversario del 20 de diciembre de 2001, hacemos una moción a todas las organizaciones obreras en lucha: con el programa que hemos impuesto, como jalon, en cada uno de los combates que ya hemos dado y estamos protagonizando, convoquemos ya a la TERCERA ASAMBLEA PIQUETERA DE TRABAJADORES OCUPADOS Y DESOCUPADOS PARA RETOMAR EL CAMINO DE LA REVOLUCIÓN ARGENTINA, preparando las mejores condiciones para derrotar a la burocracia sindical y su pacto social que sólo prepara nuevos y durísimos ataques contra los trabajadores y el pueblo.
Desde Democracia Obrera afirmamos que no queremos ningún privilegio, sólo un puesto de lucha en la primera fila del combate de los explotados. No dudamos ni dudaremos en avanzar en todo acuerdo que signifique un paso adelante de las masas. El único derecho que exigimos es poder luchar por nuestras convicciones y nuestro programa, y lo haremos respetando y haciendo respetar la democracia obrera en las organizaciones de lucha de los explotados. Lejos de querer imponer nuestro programa y nuestras posiciones, como hacen los aparatos reformistas manipulando por detrás a la vanguardia obrera posando de “independientes”, les decimos valiente y honestamente a las masas cuál es nuestro programa para que triunfen. Son ellas las que decidirán, a partir de su propia experiencia, el curso de su lucha y sobre la justeza de nuestro programa.
20 de Diciembre de 2007: para parar el ataque del Kirchnerato, para romper el cerco y la expropiación impuesta a la revolución latinoamericana, para derrotar al pacto social que nos impone la esclavitud y la entrega a la nación, convoquemos ya a la tercera Asamblea Piquetera Nacional de trabajadores ocupados y desocupados con delegados de base con mandato y con barra.
20 de Diciembre de 2007: hay que empezar a levantar, desde las organizaciones obreras en lucha de Argentina y de América Latina, el verdadero grito de los explotados
¡Basta de “revolución bolivariana”, una caricatura de revolución!
¡Por la revolución obrera y socialista!
¡Por los Estados Unidos Socialistas de Centro y Sud América!
Comité Nacional de la LOI-CI
Democracia Obrera,
integrante de la FLT