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II Congreso del Colectivo por la Refundación de la IV Internacional -  FLTI

18/09/2015

Resolución sobre la cuestión de la clase obrera negra

Sobre África y EE.UU.

Los marxistas revolucionarios, hacemos nuestras las resoluciones y posiciones históricas sobre la cuestión negra del marxismo revolucionario, de la III Internacional revolucionaria y de la IV Internacional. Ellas son un punto de partida principista y que es teórica y programáticamente correcto para abordar la cuestión de la clase obrera negra hoy a nivel internacional.

En este trabajo van como adjunto las resoluciones del I Congreso de la FLTI de 2009. En aquel Congreso hubo un debate sobre la cuestión negra, que quedó abierto, esencialmente, por diferencias con la WIVL de Sudáfrica, que en ese momento era parte de la FLTI. Finalmente, en el reciente Congreso que acabamos de realizar hemos cerrado la siguiente resolución sobre la cuestión negra, luego de un rico debate.
Como adjunto a esta resolución también irán publicados asimismo los documentos que reflejan la rica experiencia de la III y de la IV Internacional sobre la cuestión negra, que fueron consultados para elaborar este trabajo.

Reafirmamos las Tesis de la III Internacional sobre la cuestión negra, que las consideramos decisivas para desarrollar un programa revolucionario para esta enorme y aguerrida fracción de la clase obrera mundial, los obreros negros, que hoy están jugando un rol importantísimo en EE.UU. en la lucha contra la policía asesina comandada por Obama y el régimen de los “republicratas” yanquis, como así también en duras luchas de África, donde se están cocinando a fuego lento, bajo condiciones de padecimientos inauditos, nuevas acciones revolucionarias de los explotados.
La III Internacional revolucionaria definía a la cuestión negra, dándole mucha importancia al rol de los negros sacados como esclavos de África y llevados a EE.UU.

 “La historia ha reservado a los negros de EEUU un papel importante en la liberación de toda la raza africana. Hace trescientos años que los negros norteamericanos fueron arrancados de su país natal, África y transportados a América donde han sido objeto de los peores tratamientos y vendidos como esclavos. Desde hace 250 años, han trabajado bajo el látigo de los propietarios norteamericanos. Ellos son quienes desmontaron los bosques, construyeron rutas, plantaron el algodón, colocaron los rieles de los ferrocarriles y mantuvieron a la aristocracia sureña. Su recompensa fue la miseria, la ignorancia, la degradación. El negro no fue un esclavo dócil, recurrió a la rebelión, a la insurrección, a la fuga para recuperar su libertad.
Pero sus levantamientos fueron reprimidos con sangre. Mediante la tortura, fue obligado a someterse. La prensa burguesa y la religión se asociaron para justificar su esclavitud. Cuando la esclavitud comenzó a competir con el trabajo asalariado y se convirtió en un obstáculo para el desarrollo de la América capitalista, tuvo que desaparecer. La Guerra de Secesión, emprendida no para liberar a los negros sino para mantener la supremacía industrial de los capitalistas norteños, colocó al negro ante la obligación de elegir entre la esclavitud del sur y el trabajo asalariado en el norte. Los músculos, la sangre, las lágrimas del negro “liberado” contribuyeron al establecimiento del capitalismo norteamericano y cuando, convertido en una potencia mundial, EEUU fue arrastrado a la guerra mundial, el negro norteamericano fue declarado en igualdad de condiciones con el blanco para matar y hacerse matar por la democracia. Cuatrocientos mil obreros de color fueron enrolados en las tropas norteamericanas, donde formaron los regimientos de “JimCrow”. Recién salidos de la hoguera de la guerra, los soldados negros, una vez en su patria, fueron perseguidos, linchados, asesinados, privados de toda libertad o puestos en la picota. Combatieron, pero para afirmar su personalidad debieron pagar muy caro. Se les persiguió más aún que durante la guerra para enseñarles a “conservar su puesto”. La gran participación de los negros en la industria posterior a la guerra, el espíritu de rebelión que despiertan en ellos las brutalidades de que son víctimas, coloca a los negros de América, y sobre todo a los de América del Norte, a la vanguardia de la lucha de África contra la opresión.” (Tesis de la cuestión negra de la III Internacional, 1922)

Esto se vio agudizado durante la guerra de Vietnam a principios y mediados de la década del ’70. El obrero negro fue utilizado como carne de cañón en las guerras coloniales del imperialismo yanqui, pero también fue la avanzada del combate en el frente de batalla y en todo EE.UU. contra la guerra de Vietnam, jugando un rol de vanguardia en las enormes movilizaciones de masas que se desarrollaron al interior de la bestia imperialista contra esa guerra. Con estas grandes acciones se impuso la retirada de las tropas yanquis de Vietnam. Fue en ese período cuando se dieron los procesos de radicalización más agudos del movimiento obrero negro, que luego fueran desviados, corrompidos y brutalmente reprimidos por el régimen norteamericano.
Desde este punto de vista, como plantean las Tesis de la III Internacional de 1922, el obrero negro norteamericano siempre mantuvo en alto su “espíritu de rebelión que despiertan en ellos las brutalidades de que son víctimas” que ha puesto “a los negros de América, y sobre todo a los de América del Norte, a la vanguardia de la lucha de África contra la opresión”.
En el ascenso general revolucionario del ‘68-‘74 y en los combates actuales de la clase obrera de color EE.UU., esto se reafirma cada vez más.

 

Las rutas de los esclavos negros de África a EE.UU.…

En los inicios del capitalismo, Inglaterra y Francia hicieron parte de su acumulación originaria basada en el tráfico y venta de esclavos. La burguesía en EEUU administraba una tierra muy rica. En el norte, en el este y el oeste, hubo una inmigración de obreros europeos y de chinos superexplotados para construir el capitalismo norteamericano. Aunque el movimiento obrero fue trasplantado, fueron los africanos llevados como esclavos. Los separaron de sus familias, los sacaron de sus pueblos y naciones, no por un salario, no como obreros migrantes. Sino para esclavizarlos en las plantaciones del sur de Estados Unidos.

La burguesía norteamericana trajo esclavos desde África para producir algodón, para poder exportar a los telares de Londres. Así los trabajadores africanos fueron separados con grilletes en los barcos, los llevaron a tierras desconocidas y los vendieron, es por eso que para los trabajadores afroamericanos, entre África y EEUU hay un grillete y un viaje en el mar, por eso nunca rompen su arraigo con África. Por eso, en EE.UU. los obreros negros, orgullosamente, se llaman a sí mismos “afroamericanos”. Es que su nación es el África negra. Ellos no reconocen como su lugar de origen a ninguna de las naciones que artificial y ficticiamente desarrolló el imperialismo para encorsetar, controlar o desviar las enormes revoluciones anticoloniales que se sucedieron durante todo el siglo XX en el continente africano.
Los obreros negros en EE.UU. se llaman a sí mismos, de forma sencilla, “afroamericanos”. “Afro” porque África es su identidad nacional y “americanos” porque su vida transcurre en América.

 

Enormes luchas anticoloniales y antiimperialistas se desarrollaron en el África negra a la salida de la Segunda Guerra Mundial

Mientras Inglaterra dominó primero el comercio mundial y luego, como potencia imperialista, el planeta no hubo independencia nacional del África negra, para mencionar algunos de los casos: el Congo era Belga; el África Subsariana era francesa, portuguesa o alemana; África del sur era holandesa o inglesa. A los pueblos negros africanos bajo el sistema capitalista imperialista, se les dibujó “pseudo-naciones” como colonias de los imperios que las conquistaron y las dominaban.
Pero fue a la salida de la Segunda Guerra Mundial, cuando la lucha anticolonial de las distintas regiones del África negra se organizó y desarrolló para expulsar a las tropas de ocupación colonialistas de las distintas potencias imperialistas. En el Congo se tenía que expulsar al ejército belga. A Francia y Portugal, del África subsahariana. A los ingleses de gran parte de África del sur.
La ruta de los combates de liberación nacional, que llegaron hasta casi finales del siglo XX, siguió la ruta del dominio imperialista de toda el África negra. Sobre ella actuaron el imperialismo y sus sostenedores del estalinismo, para desviar y contener estos combates con el objetivo de que no avanzaran a la victoria como revoluciones obreras y socialistas, tal como estuvo planteado en toda la segunda post-guerra.  
El imperialismo contuvo ese ascenso revolucionario antiimperialista, con la colaboración clave y esencial del estalinismo, que sometió al movimiento obrero y a los campesinos pobres a movimientos de liberación nacional, sobre los que se montaron las distintas burguesías regionales y zonales que los manipularon. Y cuando no, fueron directamente partidos-ejércitos pequeño-burgueses, dirigidos por distintas fracciones del estalinismo, los que controlaron a las masas y las sometieron a la burguesía. Eso vimos con el ZANU y el ZAPU en Zimbabwe, con el CNA en Sudáfrica, con el FRELIMO en Mozambique, con MPL en Angola, etc.

Para la burguesía el gran peligro era que la lucha hasta el final por la expulsión del imperialismo en toda el África esclavizada, llevaba inevitablemente a que sea la clase obrera y los campesinos pobres los que encabezaran ese combate, expropiaran al imperialismo que saqueaban la nación y recuperaran la tierra, cuestión que planteaba también la expropiación de las distintas fracciones de la burguesía nativa.
Justamente, y sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial, este proceso revolucionario anticolonial y antiimperialista fue abortado por el sometimiento de la clase obrera a la burguesía nativa y por otro lado, por la política del imperialismo que reconoció que ya no podía seguir subsistiendo su dominio y saqueo del África negra bajo formas coloniales, ante las grandiosas revoluciones obreras y campesinas que sacudieron a todo el continente a partir de la segunda post-guerra.
Estos procesos de revoluciones fueron abortados, entonces, por gobiernos manipulados por una nueva burguesía negra que emergía sostenida por el estalinismo, para impedir que con revoluciones obreras y socialistas, con la clase obrera en el poder, se consiguieran las demandas democráticas de interrumpir el saqueo imperialista y recuperar la tierra.
Y cuando estos diques de contención fracasaban, inclusive el estalinismo volcaba fuerzas internacionales, como lo hizo el castrismo en Angola y Mozambique, para impedir que se expropiara a la burguesía. Allí en los ’70 estuvieron los “milicianos” castristas custodiando los pozos petroleros de Rockefeller, para que las masas no se los expropiaran.

 

Con la traición del estalinismo y el sometimiento a frentes con la burguesía negra,
le expropiaron a la clase obrera y al campesinado pobre de África la lucha por su liberación nacional y social

El resultado: semicolonias sometidas al imperialismo

La política de colaboración de clases, de apoyo a la pequeña burguesía y a las burguesías nativas, fue impulsada por el estalinismo con la pantalla del llamado “pan-africanismo”.
Esta fue la base ideológica principal que utilizó el estalinismo desde la dirección de las luchas de liberación nacional para neutralizar y sabotear el desarrollo de luchas independientes de la clase obrera. La política estalinista tomó la forma de partidos armados que se hacían pasar por el ala izquierda de los movimientos de liberación nacional, con su programa de poner en el poder a una burguesía nativa, para evitar que los movimientos de liberación nacional derrotaran o expulsaran al imperialismo y rompieran con él. Así impidieron que el combate de la clase obrera y las masas triunfara con la imposición de gobiernos obreros y campesinos, única forma de avanzar hacia una auténtica independencia nacional, expropiando a los expropiadores y saqueadores de los pueblos de África.

El resultado de esta siniestra política de colaboración de clases del estalinismo, no fue la independencia nacional del África negra, sino que el sometimiento y la expoliación del imperialismo se desarrolló a partir de la emergencia de naciones semicoloniales, donde el imperialismo retiraba sus gobiernos directos y permitía-imponía instituciones de dominio nacionales burguesas las que controlaba con fuertes pactos de sometimiento económicos, políticos y militares.
Así surgieron las naciones que hoy vemos en toda el África negra, que no son más que semicolonias sometidas al imperialismo. Es decir, verdadero abortos de la lucha antiimperialista de las masas negras de la segunda post-guerra.
La débil burguesía nativa negra, apoyada en burocracias sindicales, en partidos-ejércitos estalinistas o en fuerzas cuasi-fascistas para desarrollar guerras fratricidas, garantizó la instalación de naciones semicoloniales totalmente sometidas a las distintas potencias imperialistas que se disputan el África negra.
La debilidad extrema de esta burguesía negra nativa, el poderío del movimiento obrero y un campesinado bajo condiciones miserables de subsistencia, llevaron a que en la mayoría de estas nacientes naciones semicoloniales que surgieron en la segunda post-guerra, terminaran siendo todos verdaderos gobiernos y regímenes bonapartistas abiertamente contrarrevolucionarios que siguieron, como la sombra al cuerpo, el proceso de “descolonización” del África negra.

Como ya ha quedado claro, al no triunfar las revoluciones obreras y campesinas y al ser éstas abortadas, no fue resuelto el problema nacional y, mucho menos, de liberación del imperialismo y el problema de la tierra, que en la mayoría de los casos quedó en manos de los propietarios blancos, o bien, de una nueva burguesía negra que al no expropiar al imperialismo, a sus mineras, petroleras, etc., no pudo garantizar inversiones que sostengan una alta productividad agraria, capaz de alimentar a los pueblos hambrientos.
Asimismo, la creación de naciones ficticias impidió una “división del trabajo nacional” que incluyera la extracción de minerales y de petróleo y la producción agraria para alimentar a la población.

Así, el aborto de los procesos revolucionarios anticoloniales, sólo profundizó la decadencia de las fuerzas productivas, las hambrunas, los genocidios y las masacres de guerras fratricidas impulsadas por las bases militares, con las que el imperialismo puebla y corona su dominio en toda el África ahora semicolonizada.

El imperialismo es reacción en toda la línea. En el África de hoy, luego de los genocidios como en el Congo, Ruanda y Burundi, de los regímenes del apartheid, etc., la clase obrera negra está en las peores de las postraciones y en condiciones de esclavitud iguales o similares a las de sus generaciones anteriores, los esclavos.
Millones de obreros negros, inclusive, para seguir subsistiendo deben seguir, ahora sin grilletes, pero con el mismo martirio y arriesgando su vida como en antaño, la ruta de los antiguos esclavos, cruzando el Mediterráneo para terminar como prisioneros en campos de concentración o como esclavos de las transnacionales realizando los peores trabajos en la Europa imperialista.
Mientras tanto, la ONU mantiene sus tropas en el este del Congo (en la provincia de Goma), donde está el coltán. Ésta su “misión de paz” más numerosa de todo el mundo. Desde allí ordena el reparto de los negocios entre las burguesías de los estados vecinos como Kenia, Burundi y Ruanda, que a su vez se lo venden al imperialismo que es el que hace el mayor negocio. Obviamente, las masacres en el Congo continúan, al igual que los choques entre los distintos partidos-ejércitos.

El África con gobiernos burgueses negros y con naciones artificialmente constituidas, no resolvió para nada la cuestión nacional del África negra, que hoy sigue siendo saqueada mil veces más por el imperialismo y con burguesías nativas que son verdaderas carceleras y esclavistas de los oprimidos.

Allí donde el imperialismo no pudo evitar que las masas hicieran justicia con los gobiernos títeres y las tropas imperialistas (como sucedió en Somalia), promovió la balcanización, la reimposición de “señores de la guerra” y la aparición de “fundamentalistas” armados y financiados por los estados árabes que son sus aliados. Lo que vino fue una decadencia infinita de esas naciones.

Por la tardanza de la victoria de las revoluciones socialistas en el continente africano, se han agudizado procesos de barbarie impulsados por la contrarrevolución imperialista, como hoy vemos en el Magreb y Medio Oriente.
Este también fue el caso de Nigeria. En el 2013-2014 hubo enormes levantamientos revolucionarios de los obreros nigerianos, con durísimas huelgas petroleras. Allí los obreros marchaban contra el presidente bajo las banderas de: “Jonathan vete o te va sucederá lo de Khadafy”. La respuesta del imperialismo yanqui no se hizo esperar: envió a uno de sus esbirros (como hoy lo hace con el ISIS en Siria e Irak) para descomponer y masacrar la revolución. Apareció Boko Haram, a quien le dieron autonomía en el norte de Nigeria, en provincias que son musulmanas. Ellos se dedican al tráfico de armas, de esclavos y de trata de blancas. Estamos ante fuerzas fascistas contrarrevolucionarias organizadas por el imperialismo, que inclusive sesionó Nigeria.

La alternativa de socialismo o barbarie se agudiza en todo el continente africano. Hoy el movimiento obrero debe tomar en sus manos audazmente la cuestión nacional, para arrebatársela a la demagogia de la burguesía negra y el estalinismo.

Los trotskistas reafirmamos y hacemos nuestra la lucha de la IV Internacional por la liberación del África negra, como un problema de liberación nacional: “En estas condiciones, la república sudafricana sur­girá antes que nada como una república "negra"; por supuesto esto no excluye la total igualdad para los blancos o las relaciones fraternales entre ambas razas; dependerá fundamentalmente de la conducta que adop­ten los blancos. Pero es obvio que la mayoría predomi­nante de la población, liberada de su dependencia es­clavizante, pondrá su impronta en el estado.
Dado que una revolución victoriosa cambiará radi­calmente no sólo la relación entre las clases sino tam­bién la relación entre las razas, y garantizará a los ne­gros el lugar que les corresponde en el estado de acuer­do a su número, la revolución social tendrá en Sudáfrica también un carácter nacional.
No tenemos la menor razón para cerrar los ojos ante este aspecto de la cuestión o para disminuir su impor­tancia. Por el contrario, el partido proletario, abierta y audazmente, en las palabras y en los hechos, tiene que tomar en sus manos la solución del problema nacional (radical) 
No obstante, el partido proletario puede y debe resolver el problema nacional con sus propios métodos.
El arma histórica para la liberación nacional sólo puede ser la lucha de clases.”(Tesis sobre la cuestión negra 1932)

La república negra independiente del imperialismo, como tal, no ha sido lograda, en manos de una burguesía nativa corrupta y asesina y entregadora de su propio pueblo. Es más, bajo el color de una burguesía negra, se esconde el látigo de los amos blancos que están al mando de las potencias imperialistas de los Borbones, de la V República francesa, de la Reyna de Inglaterra, del régimen de los “Republicratas” yanqui, etc.
Está más claro que nunca -y esta es la experiencia de todos los procesos revolucionarios de la segunda post-guerra-, que una república negra independiente del saqueo imperialista y que recupere las tierras para alimentar a sus pueblos hambrientos, sólo puede ser garantizada y conquistada por una revolución obrera y socialista victoriosa, que imponga gobiernos obreros y campesinos, sobre la base de la destrucción de estos estados semicoloniales, de la expulsión de las bases militares imperialistas, de la colectivización agraria y de la expropiación sin pago de todos los bienes de las transnacionales.

 

La vigencia de la teoría-programa de la Revolución Permanente se reafirmó más que nunca en los duros combates de revolución y contrarrevolución en el África ensangrentada

Es África en donde más milimétricamente se han cumplido las leyes que rigen la teoría de la revolución, es decir, el carácter permanente de la misma, puesto que como planteamos los trotskistas, las tareas nacionales de conquistar, en este caso, repúblicas negras independientes, que garanticen la independencia del imperialismo y resuelvan la cuestión agraria, solo pueden ser garantizadas íntegra y efectivamente por gobiernos obreros y campesinos revolucionarios.

En África es donde la teoría, programa y la acción del estalinismo llevo a las más crueles derrotas a la clase obrera y los oprimidos puesto que éste sometió al proletariado a sus verdugos, a su propia burguesía. Hizo pasar como aliados de la clase obrera a las burguesías negras e impidió que el obrero negro del África martirizada unificase la lucha por su liberación con los millones de esclavos negros, que son explotados como obreros en las peores condiciones en EE.UU. y Europa. Así el estalinismo cerró el camino a la irrupción unificada de los obreros negros, que en todo el mundo constituyen la avanzada de la lucha por la revolución socialista internacional.

La teoría de la Revolución Permanente vuelve a plantear, viendo la experiencia de las revoluciones de África, cómo el estalinismo y las direcciones traidoras abortaron la lucha anticolonial y por la independencia nacional de ese continente, dividiéndola del combate por el triunfo de la revolución socialista del conjunto de la clase obrera en los países centrales.
Esta fue la tragedia de la heroica revolución argelina, a la que se le cerró el paso por las traiciones del Partido Comunista y de la socialdemocracia en Francia.
Lo mismo sucedió con los combates de liberación nacional que derrotaron al ejército portugués en Angola en el ‘75. ¿Que hizo el estalinismo cuando las masas expulsaron al ejército portugués y éste llegó con sus soldados sublevados a Lisboa? Primero, estranguló desde adentro a esa heroica revolución portuguesa. Disolvió los consejos de obreros y soldados, para que luego la socialdemocracia los llevara a la trampa de la Asamblea Constituyente y las elecciones. ¿Y en las colonias qué hizo el estalinismo? Instaló gobiernos burgueses. Esto es lo que sucedió con todas las luchas de liberación nacional de África, bajo distintas formas.
Así vemos que hasta el día de hoy los presidentes de Angola y Mozambique son de los viejos partidos de liberación nacional como el MPL y el FRELIMO. La división era o los Maoístas apoyaban a una fracción de los movimientos de liberación nacional y los estalinistas de la URSS apoyaban a otros. Esto sucedió en toda África.

En Zimbabwe, para dar otro ejemplo, el ZAPU y el ZANU, sostenidos por las pandillas estalinistas de la URSS o de Pekín, dieron origen a gobiernos burgueses negros, que permiten el saqueo de las mineras imperialistas, tanto o más a cuando Zimbabwe era una colonia directa británica, que se llamaba Rhodesia.

Fue el estalinismo el que transformó en héroe del movimiento obrero en EE.UU. y en Europa al gobierno burgués de Mandela, que salvó al régimen asesino de los bóer de Sudáfrica y su apartheid para seguir esclavizando a la clase obrera de color, bajo las nuevas condiciones de ese régimen de “reconciliación nacional”. Estas condiciones en cuanto al grado de esclavitud de la clase obrera, resultaron ser similares a las que padecía el proletariado bajo el mismo dominio blanco.

En el África francoparlante, el desvío y la traición a la revolución argelina, garantizaron gobiernos totalmente dependientes del imperialismo francés, como marionetas de las bases militares de la V República francesa, donde mandan los centuriones de la Legión Extranjera y los gobiernos locales acatan.
La invasión francesa a Malí de hoy es un ejemplo de cómo trata la V República a sus colonias y semicolonias en el África martirizada.

Una pequeña aristocracia y burocracia obrera estalinista o ligada a los viejos movimientos nacionalistas, controla férreamente, con manu-militari al movimiento obrero y lo supeditada a los estados, como vemos con la ZTUC en Zimbabwe, con el COSATU en Sudáfrica o sino directamente con los partidos-ejército burgueses.

Podríamos decir, que históricamente, por la traición de la dirección de la clase obrera, lejos de resolverse la cuestión negra, el imperialismo la agudizó, como vemos hoy, a grados extremos. Eso significa lo que decía Lenin que el imperialismo es “reacción en toda la línea”.
Y allí donde el movimiento de masas no puede ser controlado, o las distintas pandillas imperialistas se disputan el botín del petróleo o los minerales, éstas organizan pogroms fascistas, “luchas tribales” y verdaderos guerras fratricidas entre explotados, para que las transnacionales se lleven las riquezas, negociando con tal o cual fracción burguesa, sobre la sangre de los oprimidos.
Lo que produce África es petróleo, diamantes, uranio, platino, cobre, oro, coltán, zinc… con sangre.
Ante esto la hipocresía del imperialismo y de sus agentes no tiene límites. Sectores del mismo, como las ONG, y algunas corrientes de izquierda, se ufanan de llamar a “no comprar diamantes con sangres” y anuncian “boicots” a las empresas que no les dan condiciones dignas de trabajo a sus obreros. Es decir, proponen un robo “elegante” de las riquezas de África. Miserables.

 

El África negra sólo será liberada de la esclavitud y el saqueo imperialista por la victoria de revoluciones socialistas que se asentarán con la sublevación de toda la clase obrera de las potencias imperialistas y de la clase obrera mundial

La experiencia histórica ya ha demostrado que las transnacionales y las distintas potencias imperialistas han partido África para saquearla. La clase obrera del continente debe unificarse para liberarla. Los contornos de las naciones de hoy, son los fijados por las pandillas imperialistas que se repartieron África. Los contornos de las repúblicas negras independientes seguirán las rutas de la revolución y respetarán las etnias y las distintas culturas de los trabajadores, de toda la clase obrera y de los pueblos de color.
La tarea más inmediata y el grito de guerra para romper con la esclavitud del África negra, es la nacionalización y expropiación sin pago y bajo control obrero de todas las mineras, petroleras y trasnacionales imperialistas y sus bancos que saquean el África martirizada.

El movimiento obrero nativo debe romper todo sometimiento que les imponen las burocracias sindicales y los partidos estalinistas del África negra a los gobiernos de las burguesías negras, agentes directos de las potencias imperialistas.
Ninguna corriente puede hablar en nombre de la clase obrera en el continente africano si no rompe abiertamente con todos los gobiernos burgueses lacayos con los que el imperialismo ha profundizado su saqueo y masacre en la nación africana.

Los socialistas revolucionarios en África llamamos a luchar por repúblicas negras independientes, que las conquistarán las revoluciones de los obreros y campesinos, de acuerdo a las rutas de la revolución que éstos conquisten y demarquen para beneficio propio y no de las transnacionales imperialistas y sus bases militares, y sobre la base de romper todos los tratados económicos, políticos y militares que someten las naciones al imperialismo.
Nuestro grito de guerra es: ¡Por repúblicas negras independientes sin transnacionales, sin sus generales contrarrevolucionarios, sin bases militares imperialistas, sin burguesías negras capangas y sin burócratas sindicales traidores! ¡Por repúblicas negras independientes con gobiernos revolucionarios obreros y campesinos que expropien a los expropiadores del pueblo, que se asienten en los organismos de autodeterminación, democracia directa y armamento de las masas! Sólo así, el África negra será independiente.
Nuestro combate es por los ¡Estados Unidos Socialistas de las Repúblicas Negras en África del centro y sur!

La clase obrera en África no debe permitir que las burguesías lacayas, socias del imperialismo, carceleras y represoras sangrientas de sus propios pueblos, les quiten su derecho a conquistar verdaderas repúblicas negras independientes.
Aquí y allá, la burguesía negra utiliza la cuestión negra demagógicamente para someter al proletariado de color. Ayer lo hizo Mandela para terminar imponiendo el régimen de oprobio de la “reconciliación nacional” en Sudáfrica, bajo el mando de la AngloAmerican. Hoy lo vemos a Malema hablando de un “movimiento nacionalista de izquierda” con consignas demagógicas de “poder negro” y de “nacionalizaciones de las transnacionales”, pero manteniendo estrictamente las mismas formas del régimen del pacto con la burguesía blanca imperialista de la AngloAmerican. Su verdadero proyecto es que la burguesía negra se quede con un sector de las minas, indemnizando muy bien a las transnacionales, hoy sobre todo, cuando el precio de los minerales está en baja.

La clase obrera no puede dejar en manos de las burguesías negras nativas la lucha por las repúblicas negras independientes, porque esa es la identidad nacional de los pueblos esclavizados de África, que las burguesías nativas se han encargado de entregar durante décadas expropiando revoluciones y entregando las luchas nacionales del pueblo negro.

Por ello nuestra demanda es: por repúblicas negras independientes, por gobiernos revolucionarios obreros y campesinos, por la destrucción de las bases militares imperialistas y de sus ejércitos fantoches de ocupación en toda África.
Nuestra lucha es por repúblicas negras independientes, donde las transnacionales y banqueros imperialistas sean expropiados sin pago y bajo control obrero, por todo el oro, el platino y el petróleo que se llevaron de los pueblos que saquearon.
Sólo el proletariado, tomando en sus manos audazmente las tareas democrático-revolucionarias de independencia nacional y de reforma agraria, podrá transformarse, conquistando la revolución socialista, en el caudillo de toda la nación oprimida, de todas sus capas empobrecidas y expoliadas, y sólo así emergerán las repúblicas negras independientes, que son la identidad de los pueblos oprimidos de África.

 

La clase obrera negra siguiendo la ruta de los esclavos junto a los esclavos latinoamericanos, tiene el honor de ser la avanzada de la lucha por la revolución socialista en EE.UU.

Como parte de esta lucha, este programa se expresa en EE.UU. con la consigna democrática revolucionaria de levantar el derecho de los afroamericanos a la autodeterminación nacional si ellos así lo desean y debe ser tomado por la clase obrera norteamericana como parte de su tarea de liberar a los pueblos oprimidos del África.

Hoy, con la bancarrota del imperialismo norteamericano, los trabajadores afroamericanos sufren, junto a los trabajadores latinos, de iguales o peores condiciones de vida que en los ’30, los ’50 ò los ’60, cuando se combatía en EE.UU. contra el régimen de la segregación. Como un verdadero régimen del apartheid, la burguesía imperialista yanqui ha sometido a los obreros inmigrantes latinos y a los obreros negros en particular, a verdaderos guettos a cielo abierto en las ciudades más grandes de EE.UU. y ha llenado sus cárceles de negros, que siendo el 10% de la población de EE.UU., son más del 80% de la población carcelaria en ese país. Este es el apartheid del imperialismo yanqui, que trata a los obreros de color y latinos en EE.UU., como sus transnacionales y gobiernos lacayos los tratan en toda África y América Latina.

El imperialismo yanqui y su régimen se han ensañado de forma particular y cruel con la clase obrera negra. Ser joven y negro amerita un disparo en la sien en EE.UU. Su policía blanca xenófoba no es más que el instrumento de persecución y represión a  los obreros de color, que constituyen el sector más explotado de la clase obrera norteamericana, junto a los inmigrantes chicanos, que sin papeles son traídos a EE.UU. para hacer los peores trabajos en las cosechas y la construcción.

Esta ofensiva contra la clase obrera negra en EE.UU. se intenta encubrir generando ilusiones, como lo hace el régimen yanqui, de los negros pueden ascender socialmente en ese país. Obama, el presidente negro, es parte de ese vil engaño y mentira no sólo contra los obreros negros, sino contra toda la clase obrera norteamericana.

Trotsky planteaba que en EE.UU. los obreros negros tenían derecho a pedir su nación, y si estos lo querían, de elegir una porción de tierra inclusive, pues la opresión nacional que siente el obrero afroamericano es un subproducto de la esclavización de ayer y de la segregación y el doble ataque que sufre la clase obrera negra en EE.UU. hoy.

La lucha de los obreros afroamericanos se ha transformado en una bandera de lucha de toda la clase obrera mundial. Hoy más que nunca tiene actualidad el programa de los trotskistas, que en los años ’30 levantara la IV Internacional sobre los obreros afroamericanos en EE.UU.
Trotsky, debatiendo con un dirigente del SWP norteamericano en 1939, planteaba lo siguiente: “El camarada Johnson utilizó tres verbos: 'apoyar', 'defender' e 'inyectar' la idea de la autodeterminación. No propongo que el partido defienda, no propongo inyectar, pero sólo a proclamar nuestra obligación de apoyar la lucha por la auto-determinación si los propios negros la desean. No es una cuestión de nuestros camaradas negros. Es una cuestión de 13 ó 14 millones de negros. La mayoría son muy atrasados. No tienen muy en claro que desean ahora y debemos darles un crédito para el futuro. Ellos decidirán.” (Trotsky, Autodeterminación para los negros americanos, 1939).

Es una tarea central para unir las filas de la clase obrera norteamericana, que los obreros blancos levanten este derecho para los trabajadores de color. Sólo así la clase obrera blanca unirá sus filas con los obreros negros y juntos abrazarán a sus hermanos de clase latinos, cuestión que volverá fuertísima a la clase obrera de EE.UU. que hoy comienza a ponerse de pie.

La igualdad salarial de los obreros negros y latinos con los trabajadores blancos, es decisiva. Pero esto serían tan solo palabras, sino se les dan todos los derechos a los obreros negros en primer lugar, a vivir y a que sus hijos no los maten la policía blanca asesina. Es una tarea y obligación de todos los sindicatos, organizaciones obreras y de masas reivindicar, por un lado, el derecho de los obreros negros a tener su propia guardia de seguridad, si así lo desean. Pero es una obligación de todas las organizaciones obreras poner en pie comités de autodefensa para defender a la juventud obrera negra y a los obreros de color de la brutal represión del régimen imperialista yanqui y de su policía.

La demanda de “derecho a la autodeterminación” de los obreros negros, si éstos deciden realizarlo, es fundamental, puesto que ha sido la burguesía imperialista yanqui la que los ha segregado a guettos, como ayer en el apartheid. Por ello hoy la demanda del “derecho democrático a la autodeterminación de la nación negra en EE.UU. si los obreros negros así lo desean”, es el grito de guerra de ¡Abajo el régimen del apartheid de Obama y los “republicratas” contra el pueblo negro en EE.UU.!

Esta demanda, junto a la lucha por la unificación salarial, que ya comenzado a unir a toda la clase obrera norteamericana alrededor de la lucha por los 15 dólares la hora, son el motor que podrá hacerle dar pasos hacia delante al despertar de este verdadero coloso del proletariado mundial que es la clase obrera norteamericana.
Es que ésta tiene allí al enemigo central de todos los pueblos oprimidos del mundo, a los piratas y bandoleros de la oligarquía financiera de Wall Street. Para derrotarlos, como así también a la maquinaria de guerra yanqui que masacra a los pueblos oprimidos, se vuelve decisiva la unidad de la clase obrera norteamericana y de ésta con la clase obrera del mundo semicolonial que su propia burguesía imperialista oprime.

EE.UU., como potencia dominante, lejos de mantener cooptada a su clase obrera, en su bancarrota le ha tirado toda su crisis al mundo y ha llevado a los obreros norteamericanos a las peores catástrofes, solo comparables con las de la crisis de EE.UU. en los años ’30.
A la pérdida del empleo, de los planes de salud y los salarios de miseria, se ha sumado ahora la pérdida de vivienda en masa de los trabajadores norteamericanos. No hay duda que la clase obrera negra es la que padece más esta catástrofe. Por eso la demanda de “paren la guerra contra el América negra”, es la misma lucha de ¡paren la guerra contra la clase obrera norteamericana y mundial!
La lucha por expropiar al 1% de parásitos deberá encontrar a los obreros negros con los trabajadores latinos en la avanzada de retomar el combate por Occupy Wall Street y, unidos con la clase obrera blanca, pondrá en la lucha de clases internacional las fuerzas para paralizar la maquinaria de guerra de la bestia imperialista y avanzar a liberar a la clase obrera norteamericana de la opresión, con la bandera de la revolución socialista.

Esta lucha y este combate es inseparable de bajar y quemar esa bandera yanqui que hoy flamea en La Habana. Porque ella es el símbolo de la nueva esclavitud de los obreros cubanos y de una victoria imperialista que le tirará doble y triple cadenas a la clase obrera norteamericana y a los obreros de color en particular.

La suerte de la clase obrera norteamericana está echada a la unidad con sus hermanos de clase de América y de África. Ellos y sus combates ya están en las calles de EE.UU.

La IV Internacional es la única que tiene un programa y una bandera para unir a la clase obrera norteamericana y mundial. La lucha por su refundación con el programa de 1938 es inseparable de la lucha por la revolución socialista internacional.

 

Esta resolución ajusta y precisa el programa de la FLTI ante la cuestión negra, elaborado en su Congreso de fundación del año 2009.