volver al índice del Democracia Obrera Nº 54


Mientas los partidos patronales discuten reformas a la constitución para redoblar su ataque contra los explotados…

El cretinismo parlamentarista de los dirigentes del FIT les impide levantar ni tan siquiera una política democrática consecuente contra la archirreaccionaria constitución del ’53-94

Los políticos patronales sirvientes del imperialismo aprovecharon las últimas semanas de campaña electoral para comenzar a discutir reformas en el régimen basado en la archirreaccionaria Constitución de 1853-1994. El kirchnerismo prepara, con un holgado triunfo en las próximas elecciones, la re-reelección con una reforma constitucional. La Kirchner buscará un nuevo Pacto de Olivos –como el de Alfonsín y Menem en el ´94 para la reforma de la Constitución que introdujo la reelección presidencial-, esta vez para asentar el kirchnerato; o sea un “menemato”, un régimen bonapartista basado en un presidencialismo absoluto con la estatización y sumisión plena de los sindicatos controlados por los pistoleros de la burocracia.
El “socialista” Binner, uno de los representantes de los sojeros, las aceiteras y la agroindustria, también ha planteado que “es necesaria una reforma de la Constitución, aunque ahora no es el momento de hacerla”. A no dudarlo que para fortalecer al bonapartismo del kirchnerato, este “opositor” y demás representantes de la oposición burguesa gorila, como lo hizo Alfonsín, no tendrán el más mínimo pudor en firmar un nuevo “pacto de olivos”, esta vez al kirchnerismo.
Para Binner y demás oposición burguesa gorila, la discusión es cómo se fortalece aún más el régimen presidencialista, preservándolo de embestidas revolucionarias de las masas. Para ellos hay que incorporar la figura de Primer Ministro elegido por el Parlamento, que cumpla la función de un gobierno cotidiano de los asuntos de la burguesía y que lidie con los explotados. Es decir, un Primer Ministro que sea un “fusible” entre el presidente, el Parlamento y la clase obrera, para que no ocurra otra vez como en el 2001, cuando las masas embistieron contra el gobierno y descalabraron todas las instituciones del régimen infame.
Binner está llamando a imitar el ejemplo de la V República francesa presidencialista y bonapartista ya por excelencia. Allí el presidente controla las fuerzas armadas, el comercio exterior, las relaciones internacionales, legitima o veta las leyes, y su gabinete son los directorios de las empresas transnacionales francesas. Pero el que centraliza la administración de los negocios y choca con las masas es un Primer Ministro sometido a la votación del Parlamento.

Así, los políticos patronales están discutiendo cómo estabilizar el régimen que ya expropió la revolución del “que se vayan todos” del 2001, y las distintas formas bonapartistas con las que se puede consolidar, esta vez bajo las formas de kirchnerato.
Cuando Altamira plantea que “el régimen está en crisis” porque hay una oposición burguesa “desflecada” o “debilitada”, está presentando el mundo al revés. Es que en los países semicoloniales, y aun en los imperialistas, el gobierno de las transnacionales es el más autoritario y bonapartista que puedan tener.
Con una oposición “desflecada”, pero con un kirchnerismo con más del 50% de los votos, se fortalece el régimen totalmente presidencialista de la constitución del ’53, con un presidente con poderes amplios. Es más, a Altamira le extraña que no haya un régimen parlamentario bipartidista, con partidos burgueses que se alternan. Pero estamos en una republiqueta, y no en países ricos en situaciones momentáneas de estabilidad burguesa. Insistimos, esto es una falacia.
Apoyado en una montaña de votos, las formas presidencialistas que adquiere el régimen burgués de la constitución del ’53, concentra en el presidente toda la fortaleza del estado burgués para atacar a las masas, vetar o no las leyes, organizar y dirigir la policía y las fuerzas armadas, gobernar por decreto si así lo desea, y es más, llamar a estados de sitio cuando le plazca ante revueltas obreras como lo hizo De la Rúa.
Si al presidente se le escapa sin vetarla alguna ley del parlamento favorable a los trabajadores, la suprema corte de justicia, según establece la constitución del ’53, la declara inconstitucional. Y si los trabajadores arremeten contra la corte, como lo hicieron en el 2001, como siempre los milicos y la casta de oficiales asesina están dispuestos a masacrar como lo hicieron en el ’76, para defender la propiedad de todos los capitalistas.

El FIT no denuncia a este régimen. Lo ve “debilitado” porque está la oposición burguesa en crisis, cuando al kirchnerato le sobran y le sobrarán instituciones –como las fuerzas armadas, la policía, la casta de jueces y un parlamento con algún diputado de izquierda que endulce la dictadura del capital- para intentar atacar a la clase obrera y derrotarla en las calles.
Estamos ante la izquierda de la constitución del ’53, la izquierda de las reformas, que va en un ángulo de 180° con el levantamiento del 2001. Este levantamiento revolucionario tiró al presidente votado un año antes con lucha revolucionaria en las calles, acorraló al parlamento que tuvo que votar 5 presidentes en una semana, y desconocía a la corte menemista y sus jueces reaccionarios. Allí también se combatió, con 40 muertos, contra el estado de sitio de De la Rua. Así hablaban las masas revolucionarias en la Argentina del 2001. Era el “infierno de la burguesía”, como dicen los Kirchner.
Este idioma, el lenguaje de la revolución, no lo habla ni Altamira ni la izquierda pequeñoburguesa de la dirección del FIT. Añoran convivir, como diputados de izquierda, en las bancas de esa cueva de bandidos del parlamento burgués argentino, sostenido en las bayonetas de los milicos asesinos y en los pistoleros de la burocracia sindical. El FIT calla todo esto.

Los dirigentes del “FIT” no son siquiera demócratas consecuentes
Son la izquierda reformista de la archirreaccionaria constitución del ‘53

Desde Democracia Obrera afirmamos que el cretinismo parlamentario del FIT le pinta a la clase obrera un régimen democrático ficticio, que no existe en ningún lugar del mundo en esta época de crisis y bancarrota del sistema capitalista mundial. Les pinta a los trabajadores el mundo de la democracia absoluta, en el que se pueden conseguir conquistas con el voto universal y secreto, en un parlamento que con formas ultralimitadas democrático-burguesas sólo esconde y maquilla la más feroz dictadura del capital y a las formas más bonapartistas y totalitarias del régimen de dominio en Argentina.
Como marca la Constitución de 1853 y su reforma de 1994: existe un presidente con poder monárquico, una cámara de senadores cuasi-vitalicia de los “hombres de la patria”, una casta de jueces videlista-peronista-radical que se perpetúa defendiendo la “seguridad jurídica” de las trasnacionales y la propiedad capitalista, sosteniendo a una policía asesina y a la casta de oficiales del ejército cipayo del imperialismo. Por eso, no se trata sólo de llamar a derrotar al gobierno, sino también a demoler todas las instituciones del régimen de la archirreaccionaria Constitución de 1853-1994.
Mientras proscribían a la mayoría de los partidos de izquierda con la nueva ley electoral, pero sobre todo proscribían con masacres, cárcel y persecución a la clase obrera; el FIT sólo llamaba a superar el piso de votos que imponía dicha ley en las primarias. Para el FIT, la lucha por las libertades democráticas y contra las formas totalitarias del régimen burgués ha terminado con su 2,5% de los votos. El absoluto silencio que mantienen los candidatos del FIT sólo embellece las inmundicias reaccionarias y bonapartistas del régimen de opresión de la burguesía argentina. Llama la atención este abrumador silencio y olvido de Altamira y Castillo. Están obnubilados con su perspectiva parlamentaria. Ellos saben que un par de diputados de izquierda legitima a ese parlamento fantoche y no lo dicen. Y no llaman a denunciarlo.

En las crisis revolucionarias en las alturas que provocan las masas con su acción independiente, que desbaratan a las viejas autocracias y regímenes totalitarios como en el Norte África y Medio Oriente, o en Chile, el “FIT” y sus aliados del Foro Social Mundial se rompen las gargantas exigiendo “Asambleas Constituyentes” en todos lados.
En esos procesos revolucionarios, las masas pusieron en pie organismos de doble poder y comienzan armarse. Allí el FIT y sus aliados de la “izquierda plural” europea les dan una salida a los regímenes maltrechos de la burguesía tratando de imponer asambleas constituyentes que reestablezcan el poder, desarmen a las masas y liquiden sus organismos de autodeterminación. En esos procesos, como hicieran en Argentina en 2001, llaman a profundizar la lucha por la democracia formal con “asambleas constituyentes” para desviar a las masas de la revolución y la toma del poder.
Hoy en Argentina, cuando se consolidaron las instituciones de dominio parlamentarias, que encubren el más duro régimen de dominio bonapartista, estos “demócratas” se niegan a luchar por las demandas democráticas formales hasta el final. ¿Por qué no enfrentar a este régimen de la constitución del ’53 con el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente, libre y soberana, que destituya el poder presidencial (¿se enojaría la Kirchner?), que disuelva la división de poderes, que anule toda la casta de jueces peronista-videlista-radical, que liquide la casta de senadores cuasi-vitalicia, que perduran durante 6 años y con un re-mandato hasta 12 años, cuestión que ha salvado al sinvergüenza de Menem de ir a la cárcel?
¿Por qué no luchar por una cámara única que asuma los poderes ejecutivo y legislativo, que tenga diputados elegidos uno cada 50.000 electores, removibles en cualquier momento por los mismos? ¿Por qué no luchar contra este régimen antidemocrático para que todos los funcionarios ganen el salario de un obrero medio?
¿Por qué, en última instancia, no contraponer a este régimen bonapartista podrido semicolonial argentino las demandas democráticas hasta el final? Con semejante cretinismo parlamentario, no son ni siquiera consecuentemente democráticos.

Se trata de tener un programa y una política para que las masas superen el carácter antidemocrático, y cada vez más totalitario y bonapartista, de todo dominio burgués. Se trata de educar a las masas, no en el cretinismo parlamentario, sino en demostrar a cada paso que la época de la democracia burguesa se ha terminado y que la lucha se resuelve y se resolverá históricamente entre bonapartismo y fascismo o revolución socialista.

El “FIT” no sólo no lucha por el socialismo ni por la revolución. Ni siquiera tiene una política democrática consecuente frente a un régimen totalmente antidemocrático, que mantiene proscripta a la clase obrera y ni siquiera le otorga a las masas explotadas derechos elementales, como imprentas y medios de comunicación bajo el control de las organizaciones obreras. Son la izquierda de la Constitución de 1853/1994.

¡Por una Asamblea Nacional Constituyente libre y soberana para romper con el imperialismo y recuperar la tierra de la oligarquía sojera y las transnacionales!

El FIT se niega a decirle a las masas que la verdadera lucha por la democracia en un país semicolonial es la lucha por la independencia nacional, la ruptura con el imperialismo y recuperar la tierra de la oligarquía y las transnacionales que parasitan la renta agraria, minera y petrolera argentina.
El verso de que los centros de decisión de la Argentina están en la Argentina misma es un engaño de la Kirchner a las masas. Es el gobierno instalado en esa cueva de ministros lacayos de EEUU que es la OEA. Es el gobierno del Mercosur de las transnacionales imperialistas y del UNASUR, bajo las órdenes de las petroleras. Es el gobierno que le pagó en efectivo u$s10.000 millones al FMI; y que les tiene garantizado u$s50.000 millones en las reservas del Banco Central a las transnacionales y los banqueros imperialistas, como seguro de cambio de remesas y utilidades a sus casas matrices. Hay que decir la verdad: ¡No hay ni democracia ni leyes que valgan si no se expropia y se rompe con el imperialismo!
Los trotskistas de Democracia Obrera afirmamos que cualquier república obrera es un millón de veces más democrática que la más democrática de las repúblicas burguesas. Afirmamos que sólo con el triunfo de la revolución socialista y un gobierno basado en las organizaciones revolucionarias de la clase obrera y los explotados, se pueden conseguir estas demandas.
Pero no por eso nos negamos a acompañar y ayudar a la clase obrera y a las amplias masas arruinadas del campo y la ciudad a acelerar su experiencia con la democracia burguesa y sus instituciones de dominio, a las que han sido llevadas por la traición de todas las direcciones que las masas tienen a su frente. Efectivamente, apagaron el fuego del “que se vayan todos, que no quede ni uno solo” y de la democracia directa de las masas del 2001.
La burguesía y su gobierno kirchnerista han inventado que ellos tienen una política independiente del imperialismo. Una falacia; una mentira de igual tenor y calibre como la que pinta la leyenda de los Kirchner combatiendo a la dictadura, cuando fueron cobijados por ésta en Santa Cruz. Una mentira más de los menemistas de la primera hora, como los Kirchner, que sostuvieron todas las privatizaciones en los ’90, cuestión que encubre el FIT. Cuando llama a “nacionalizar las privatizadas” calla que los Kirchner cobraron u$s500 millones, que fugaron del país, por los servicios prestados a las transnacionales con la privatización de YPF.

En estas circunstancias, se trata de oponer a los obreros a la burguesía nacional, sus engaños y falacias, demostrando que son lacayos del imperialismo. Se trata de desarrollar también las consignas de la democracia revolucionaria hasta el final.
La consigna de “Asamblea Nacional Constituyente, libre y soberana” para romper con el imperialismo y recuperar la tierra de la oligarquía financiera internacional, las cerealeras y los sojeros es para que el proletariado, tomándola en sus manos, desenmascare las mentiras y los engaños de este gobierno que ha sido y es uno de los más lacayos y sirvientes del imperialismo que ha tenido la Argentina. Es para que la clase obrera tome en sus manos la lucha por la independencia nacional y que, más temprano que tarde, vuelva a conquistar los organismos que la revolución puso en pie: las asambleas populares, los piquetes de desocupados, los comités de huelga. Para que esta vez, rompiendo con la burguesía, la clase obrera se haga del poder, llevando a la victoria los dos intentos fallidos de revoluciones que protagonizaron las masas del 69/75 y 2001/2003.

No es sometiéndose al parlamentarismo burgués como se acompaña la experiencia para que la clase obrera supere al mismo. Sólo con un programa democrático-revolucionario hasta el final, bajo las banderas de la revolución socialista, podrá la clase obrera romper con la burguesía, alzarse como caudillo de la nación oprimida, e imponer, con la toma del poder, la liberación del yugo imperialista, que sólo conseguirá expropiando a todas las clases poseedoras, avanzando con la revolución socialista en nuestro país, a nivel continental y mundial.
Todo lo demás, no es más que servilismo al régimen de dominio burgués. Parlamentarismo liberal pequeñoburgués, que ni siquiera lucha no digamos por el socialismo (que no existe en los spots electorales del FIT donde lo ha desterrado para el siglo XXII), sino que ni siquiera lucha por la democracia hasta el final.

 

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